HAFTARA LEJ LEJÁ - 5786

 

HAFTARÁ LEJ LEJÁ - 5786

YESHAYAHU 40:27 - 41:16

Willam Rodríguez Tapia

willammisionero@gmail.com

 

I. Síntesis de la Haftará

 

La Haftará correspondiente a Parashat Lej Lejá (Ieshayahu 40:27–41:16) es uno de los pasajes más profundos del Naví Ieshayahu, en el que se entrelazan consuelo, con el entendimiento de la elección y reafirmación del pacto eterno entre el Eterno y el pueblo de Israel. Este texto, designado por los sabios como lectura complementaria al parashá de Abraham, busca establecer un puente entre la fe fundacional de Abraham Avinu y la esperanza del pueblo exiliado en tiempos del exilio de Babel.

Según el Midrash (Bereshit Rabá 39:1), Abraham representa “el hombre que descubrió el Creador en un mundo de idolatría”, y su obediencia a la voz del Eterno inaugura la conciencia de la Emuná, la fe activa. En el contexto de Ieshayahu 40–41, este modelo se reactualiza: Israel, en el tiempo futuro de Ieshayahu de acuerdo a la Nevúa se encuentra disperso y abatido, sin embargo, es invitado a redescubrir la fuerza de su fe ancestral.

La Haftará se estructura, según Malbim (comentario a Ieshayahu 41:1–16), en dos movimientos:

1.            La afirmación de la eternidad y el Poder del Eterno (40:27–31).

2.            La reafirmación del pacto y la elección de Israel (41:1–16).

El primer movimiento presenta al Eterno que renueva la fuerza de los que esperan en Él; el segundo, donde El Eterno protege a Su siervo Yaacob y a Su elegido, Abraham. En ambos casos, el Naví confronta la debilidad del pueblo judío con la fidelidad del Eterno.

 

II. Conexión entre la Haftará y la Parashá Lej Lejá

 

Lej Lejá (Bereshit 12–17) relata el llamado de Abraham a salir de su tierra.

La Haftará recuerda ese mismo llamado desde el exilio: así como Abraham fue llamado, también Israel es llamado a levantarse.

Ambos textos comparten el tema del camino de la emuná y la elección perpetua de Isael.

Rashi (comentario a Ieshayahu 40:27) observa que el pueblo, en su desánimo, se queja de que “su camino está oculto ante el Eterno”. Esta queja simboliza el sentimiento del exilio: la percepción de distancia entre el Eterno e Israel. Ieshayahu responde recordando la eternidad del Creador, cuya fuerza no se agota y cuya providencia no cesa. Rambam (Moreh Nevujim II:48) interpretó esta sección como una afirmación de la constancia del orden establecido por el Eterno, que no abandona al justo ni siquiera cuando la historia parece contradecir la justicia.

En este pasaje, el Naví Ieshayahu da voz a una queja profunda del pueblo de Israel. Es una expresión de dolor, de frustración, de aparente abandono. El pueblo siente que su sufrimiento ha sido ignorado, que su causa ha sido olvidada por El Eterno. Esta queja no es solo histórica: es humana, universal y actual. ¿Quién no ha sentido alguna vez que su tefilá no fue escuchada, que su camino se volvió invisible ante los ojos del cielo? La drasha comienza aquí: en el corazón de la queja, para descubrir que incluso en el silencio, el Eterno está presente.

La queja como acto de fe, en la tradición judía no censura la queja. Yob, los Tehilim, los Neviim… todos se atrevieron a hablar con el Eterno desde el dolor. En este pasaje, Israel no se aleja del Eterno, sino que le habla. La queja no es rechazo, es diálogo. Esto nos enseña que expresar nuestra angustia ante el Eterno es, en sí mismo, un acto de Emuná.

El juicio no está perdido, está en proceso, “Mi juicio pasó” no significa que el Eterno lo ha ignorado, sino que no ha llegado aún en el tiempo que nosotros esperamos. La drashá interpreta esto como una lección sobre la paciencia del alma. el tiempo del Eterno no es el nuestro.

El camino oculto no es camino abandonado, en el pasaje anterior (Ieshayahu 40:26) habla de cómo el Eterno conoce cada estrella por nombre. Si Él cuida del universo con tal detalle, ¿cómo no cuidará de cada alma? La drashá conecta esta imagen con la certeza de que nuestro “camino” nunca está realmente oculto para Él. Aunque no lo veamos, el Eterno sigue guiando nuestros pasos.

En momentos de crisis personal, familiar o comunitaria, este pasaje nos recuerda que el sufrimiento no es señal de abandono por parte del Eterno, sino más bien nos llama a transformar la queja en búsqueda activa, y la duda en diálogo con lo sagrado. Nos invita a sostenernos mutuamente en la fe, a ser testigos del juicio que aún no ha llegado, pero que está en camino.En tiempos de incertidumbre, debemos recordar que el silencio de Elohim no es indiferencia, sino espacio para que nuestra fe madure.

Tras la queja  en el pasaje anterior, Ieshayahu responde con una afirmación muy trascendental, no con reproche, sino con una invitación a recordar. El Naví no ofrece una solución inmediata al sufrimiento, sino una visión más elevada: la naturaleza del Eterno como fuente de consuelo. 

Lo importante de recordar lo que ya sabemos, “¿No has sabido, no has oído…?” no es una acusación, sino una apelación a la memoria. Lo que se entiende como un llamado a reconectar con las verdades que el alma ya conoce: que HaShem es eterno, creador, incansable. 

El Eterno no desfallece ni se fatiga, comprender esta verdad es profundamente consoladora, esto se convierte en una enseñanza sobre la diferencia entre la fuerza humana y la que proviene de HaShem. Nosotros nos agotamos, dudamos, caemos. El Eterno no. Su energía no se agota, su presencia no se retira. Él es constante, incluso cuando nosotros no lo somos. Su entendimiento es insondable “No hay quien alcance su entendimiento” pero desde un punto de vista muy alentador, su sabiduría supera la nuestra. Entendemos esto como una invitación a la humildad. No entender el “por qué” no significa que no haya un propósito. La emuná no exige comprensión total, sino confianza en el carácter del Eterno. 

Ieshayahu 40:28 es una medicina para el alma cansada, el Elohim eterno, creador de los confines de la tierra, no se fatiga. Y si Él no se cansa, entonces hay esperanza para los que esperan en Él. 

Para el Radak, el cansado representa al exiliado; la fuerza, la esperanza que renace por la emuná, señala que quien reconoce su debilidad se abre al poder de la gueulá. Rambam, en Hiljot Deot 6:3, enseña que la humildad es el canal del fortalecimiento por parte del Eterno.

El Midrash Tanjuma (Lej Lejá 6) conecta este verso con Abraham: “Él salió débil y fue fortalecido por la palabra de El Eterno.” Así también Israel en el exilio recibirá nuevas fuerzas.

Ieshayahu 40:29 “Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.”

Debemos entender el contexto del exilio, Judá ha sido deportado, el Santuario destruido, su tierra desolada. El pueblo vive en una tierra ajena, bajo dominio extranjero, y se pregunta si el Eterno sigue presente, este contexto el Cansancio colectivo No es solo físico, sino el pueblo judío en su conjunto está perdiendo la Tikvá – esperanza, está exhausto de esperar, de sufrir, de no entender el propósito de su dolor, y es similar al entendimiento del alma exiliada que siente que se encuentra lejos de nuestro propósito, nos agotamos. Pero sin embargo el Eterno como restaurador no se limita a consolar, sino que da esfuerzo. Vemos aquí una acción activa del Eterno: Él no solo acompaña, sino que renueva. En el exilio, cuando todo parece perdido, el Eterno comienza a reconstruir desde dentro.

Nos invita a ver el exilio no solo como castigo, sino como oportunidad para redescubrir la presencia del Eterno en lo más profundo del alma, es una respuesta directa al estado emocional y psicológico del pueblo judío: agotado, desanimado, y sintiendo que HaShem lo ha olvidado, pero sin embargo la fortaleza del Eterno se revela cuando el hombre reconoce su límite. La energía que fluye al cansado es el “soplo del Ruaj HaKodesh” (Zóhar, Vayikrá 15b).

“Los jóvenes se fatigan y se cansan, los muchachos flaquean y caen;

La Nevúa contrasta la fuerza humana natural con la fuerza almática interior, es decir que todo ser humano —incluso el más fuerte— posee límites, La fatiga es consecuencia natural del desgaste energético (“los jóvenes se fatigan”). Por lo cual el Ibn Ezra entiende que “Esperar” (kovei Hashem) en este sentido implica paciencia y confianza activa, dicho de otra manera la “espera en HaShem (Kovei HaShem) no es pasividad, quien confía en un propósito trascendente renueva su motivación, su energía no viene solo de su cuerpo, sino que la fuerza que esta fundamentada en la emuná se renueva constantemente. No contradice la lógica, sino que la trasciende ampliando su base de que el hombre no es solo biología, sino un alma.

Ramban lee este verso como promesa que trae la redención: la esperanza en el Eterno conduce a una nueva elevación del alma, desde la razón, el texto enseña que la emuná orientada hacia lo trascendente renueva la motivación y la fuerza interior.

En el sentido místico se enseña que la esperanza y la unión con El Eterno reconectan al alma con su origen divino, permitiéndole recibir energía ilimitada, describiendo lo siguiente: “Los jóvenes se cansan” — el cuerpo se agota; “Los que esperan en HaShem” — el alma se eleva; “Renovarán su fuerza” — porque ya no depende de lo temporal, sino del Infinito.

“...levantarán alas como las águilas (yaalú ever kanesharim)...”

En hebreo, ever (אֵבֶר) = ala, pero también puede significar miembro o extensión del alma — aquello con lo que el ser se eleva.

En la literatura rabínica y cabalística, las “alas” son la imagen de la plegaria que asciende.

El Talmud (Berajot 32b) enseña que “quien hace plegaria con constancia se renueva como el águila”. El Midrash Tehilim añade: “Las alas son la plegaria, que eleva al hombre por encima de la fatiga del mundo.”

Según el Zóhar (Shemot 24a), las “alas del águila” representan las fuerzas de Jesed y Guevurá que levantan al alma. Quien confía en El Eterno participa del flujo vital de la Shejiná.

En la tradición jasídica y cabalística, las alas del águila simbolizan el impulso del alma que, a través de la tefilá, se eleva desde lo terrenal hacia lo celestial. Así como el águila asciende por encima de las tormentas, el alma que eleva la tefilá con kavaná trasciende las dificultades y se conecta con lo divino. Cuando la plegaria es auténtica, no solo se eleva el alma, sino que atrae la Shejiná, la presencia del Eterno, una relación íntima entre el ser humano y su Creador se establece por medio de la plegaria, ya que el resultado no es solo la búsqueda del Eterno, sino que lo hace presente.

 “Levantarán alas como las águilas” no es solo una promesa de fortaleza, sino de transformación espiritual, esto enseña que el verdadero poder no está en la fuerza física, sino en la capacidad de elevarse por medio de la conexión interior con lo sagrado.

El Midrash Tanjuma (Ki Tetzé 3) comenta sobre Shemot 19:4 (“os llevé sobre alas de águilas”):

“Así como el águila lleva a sus crías sobre sus alas para protegerlas, así el Santo, Bendito Sea, lleva las plegarias de Israel al Trono Celestial.”

Aquí el nesher (águila) representa el acto divino que eleva la plegaria del hombre. Sin embargo en este pasaje, el proceso se invierte: es el alma misma la que adopta el vuelo del águila para acercarse a la Fuente vital.

Ieshayahu 40:31 no solo consuela al pueblo exiliado, sino que le ofrece una visión mística: la redención comienza en el alma que realiza plegaria con kavaná (intención), asi con esta certeza: cuando la plegaria se convierte en alas, la Shejiná no está lejos. Está aquí, posándose suavemente sobre quienes esperan con confianza y obediencia.

“Guarden silencio ante mí, oh costas; y renueven fuerzas las naciones. Acérquense, y entonces hablen; vengamos juntos a juicio.” 

Este pasuk, abre una nueva sección del consuelo por parte del Eterno (capítulos 40–48), donde HaShem se presenta como defensor de Israel frente a los imperios y como el soberano sobre las naciones.

“Guarden silencio ante mí…” no es solo una pausa sonora, sino una invitación a la introspección. En la tradición judía, el silencio precede a la revelación. El Midrash enseña que la Torá fue dada en el desierto, un lugar de silencio, para que la voz del Eterno pudiera ser escuchada sin interferencias. En ese sentido podemos comprender que este silencio como un acto de reverencia y apertura.

El Midrash Tanjuma y Rashi explican que “costas” se refiere a las naciones del exilio, alejadas del centro de la santidad. El silencio (hacharishu) implica reconocimiento de los límites humanos ante el Creador.

Midrash Rabbah (Bereshit 5:1): “El silencio precede a la sabiduría, pues en el silencio el alma oye al Creador.”

La tefilá auténtica —como las “alas del águila” del capítulo anterior— comienza en el silencio: una pausa donde el alma cesa su ruido para recibir la energía de la shejiná. “Renueven fuerzas las naciones” sugiere que antes del juicio, hay una oportunidad de fortalecerse, esta claro que aquí se ve una enseñanza sobre la teshuvá (retorno): El Eterno no busca castigar, sino invitar a la transformación. El juicio no es condena automática, sino diálogo con posibilidad de cambio.

“Acérquense, y entonces hablen…” implica que el juicio del Eterno no es distante ni unilateral. Aquí el Eterno llama inclusive a las naciones a acercarse, a dialogar, a rendir cuentas. El juicio es una oportunidad para reconocer la verdad y alinearse con ella.

El pasuk universaliza el proceso espiritual: todo ser humano, toda nación, puede renovarse en la presencia del Eterno si calla y se dispone con humildad.

El mishpat aquí no es solo condena, sino diálogo entre el Eterno y el ser humano. El Eterno invita a las naciones a acercarse, no para destruirlas, sino para que comprendan Su justicia. En la tradición hebrea, mishpat no es castigo, sino armonización con el orden establecido por el Eterno.

En la Cábala, el silencio (shetiká) simboliza el estado de bitul ha-yesh — anulación del ego o del “yo separado”.

Los místicos enseñan que antes de ascender o de la plegaria, el alma debe entrar en silencio interior, lo que permite que la luz divina fluya. Zóhar II, 3b: “Nada se eleva sino desde el silencio.” El silencio inicial es el paso previo a esa armonización. 

Ieshayahu 41:1 no es solo un llamado a las naciones, sino a cada alma que desea acercarse al Eterno. cuando guardamos silencio ante El Eterno, cuando renovamos nuestras fuerzas, y cuando nos acercamos con humildad, el juicio se convierte en encuentro, y el encuentro en redención.

 

III. Abraham el Amado que Camina

 

“¿Quién despertó del oriente al que para justicia llamó a su paso?”

“Del oriente”, en la tradición judía Abraham vino de Ur Kasdim, en el oriente de Canaán. El pasaje puede leerse como una alusión a su llamado divino: El Eterno lo “despertó” para iniciar una nueva era de monoteísmo y justicia.

Según Rasi, “‘Del oriente al justo’, este es Abraham, que vino desde el oriente del mundo para dar a conocer la justicia del Santo, Bendito Sea.”

“Llamado para justicia”: Abraham es descrito en la Torá como alguien que “guardó el camino del Eterno haciendo justicia y juicio” (Beresht 18:19). Por lo cual esta afirmación indica que Abraham fue llamado para caminar con justicia, y su paso transformó naciones.

“Entregará delante de él naciones…”: Aunque no fue un conquistador como Ciro, Abraham tuvo influencia sobre reyes (como Abimelej y Malki Tzedek) y venció a los cuatro reyes en Beresht 14. Abraham es, entonces, el amanecer de la luz de la fe en el mundo, tras las tinieblas de la idolatría y el politeísmo. 

Midrash Tanjuma, Lej Lejá 3: “Abraham es el amanecer del mundo; antes de él había noche y oscuridad.” 

Esta idea de constante movimiento y progreso está destinada a servir como ejemplo y precedente para sus descendientes: "mientras que a los que esperan en Adonai él les renovará el vigor, subirán con alas como de águilas, correrán sin fatigarse y andarán sin cansarse” 

Así como Abraham transita constantemente, y así como sus descendientes están llamados a progresar constantemente, también lo es la elección de Abraham por parte del Eterno es perpetua y continua: "Tú, oh Eterno, eres Elohim que elegiste a Abram, lo sacaste de Ur de los caldeos, y le pusiste por nombre Abrahán" . Sus hijos también son elegidos perpetuamente, como enseña la Nevúa: "Pero tú, Israel, eres mi siervo, Yaakob - a quien he elegido, la simiente de Abraham mi amado... te he elegido y no te he despreciado" 

La Nevúa de Ishayahu puede estar declarando a las generaciones futuras que la selección de Abraham no otorgó automáticamente a todos sus descendientes un estado de selección similar. La continuación del proceso de elección fue selectiva; incluía a los descendientes de Abraham, pero no a todos ellos - "YAAKOB a quien he elegido" - con exclusión del hermano de Yaakob Esav, su tío Ishmael y los otros hijos de las concubinas de Abraham.

Sin embargo, parecería que esta nevúa fue seleccionada como la haftará para la Parashá de esta semana principalmente debido al comentario tradicional de nuestros Sabios sobre los siguientes pasajes: 

"El que resucitó a uno del oriente, a quien la justicia encontró dondequiera que puso su pie, dio las naciones delante de él y lo hizo gobernar sobre reyes; su espada los convirtió en polvo... Sendero que sus pies nunca hollaron. ¿Quién hizo y quién lo hizo? El que llama a las generaciones desde el principio..." 

¿A quién y qué se describe aquí? Targum Yonatan nos revela la respuesta: "¿Quién vino y emigró del este? Abraham, el más selecto de todos los tzadikim  

Y así, la Nevúa de hecho describe el viaje original de Abraham desde el este. De todos los eventos que ocurrieron durante su estadía en Canaán, aquí solo se refiere a uno: su guerra contra los reyes ("entregó las naciones antes que él y lo hizo gobernar sobre reyes..."). Parece que este fue un evento fundamental en la vida de Abraham que se convirtió en un precedente central para sus descendientes, ya que varias naciones diferentes participaron en este evento, produciendo ramificaciones para toda la humanidad.

Además, es en el contexto de este evento que Abraham se caracteriza como el "ivri" (literalmente - desde el otro lado): "Y uno que había escapado vino y le dijo a Abram el ‘ivri’...".  La implicación aquí es que él estaba solo contra el mundo entero: "Rabí Yehuda dijo, el mundo entero estaba de un lado y él del otro lado.

Contrariamente a la situación tal como aparece en la Parashá, con el mundo dividido en dos - el campamento de los cuatro reyes contra el campamento de los cinco reyes - la expresión "Abram el ivri" enseña que, de hecho, todos los reyes estaban de un lado, y Abraham solo, con su casa, estaba en el otro.

Aquí la ruptura entre él y las naciones del mundo alcanza su punto culminante. Para sus descendientes, esto sirve como un mensaje de esperanza, relevante frente a muchos enemigos diferentes: "Los que estaban furiosos contigo serán avergonzados y confundidos... los que te hacen la guerra serán como nada y como nada". 

Pero así como escuchamos del encuentro guerrero de Abraham con las naciones del mundo, aprendemos de manera similar el propósito de su encuentro: "¿Quién levantó (despertó) a uno del este ... Rabí Reuven dijo: Las naciones del mundo se estaban demorando en aceptar el monoteísmo, y ¿quién los despertó a creer en Elohim? Abraham... ". 

Aunque Abraham tuvo que recurrir a la espada para liberar a su sobrino de las garras del mal, este episodio de ninguna manera desdibujó el verdadero propósito de su vida y su destino.

Ieshayahu 41:2, leído a la luz de Abraham Avinu, se convierte en una enseñanza sobre el origen del pueblo judío: un hombre llamado desde el oriente para caminar con justicia. Y si Abraham fue despertado para ese propósito, entonces cada uno de nosotros puede ser llamado también —para transformar el mundo con Emuná, justicia y compasión.

“Los persiguió, pasó en paz; por un camino que sus pies no habían conocido.”

“Los persiguió” alude a la guerra de Abraham contra los cuatro reyes (Beresht 14). Abraham persiguió a los reyes que habían tomado prisionero a Lot, “hasta Dan” (14:14).

“Pasó en paz” — a pesar de esa guerra, Abraham salió ileso, sin pérdida, y con bendición; Malki-Tzedek lo bendijo en nombre del Altísimo. Por eso el texto dice “pasó en paz”, es decir, su camino fue protegido.

“Por un camino que sus pies no habían conocido” — Abraham fue guiado por el Eterno en rutas que nunca había transitado antes (desde Ur Kasdim, Harán, Canaán, Egipto, etc.).

Literalmente, su vida fue un continuo “caminar por caminos nuevos” bajo la guía del Eterno (Lej Lejá, Beresht 12:1).

El Eterno acompañó a Abraham en todas sus jornadas; persiguió a los reyes con victoria, y caminó en paz por sendas desconocidas, protegido por la providencia del Eterno. 

El Midrash Bereshit Rabbah 43:3 comenta: “Persiguió a las naciones del oriente y del occidente, no con espada sino con su fe.” Y con esta idea trasmite que Abraham no conquistó por violencia, sino por testimonio espiritual. A cada lugar que llegaba era sabido que difundía el conocimiento del Elohim único. En ese sentido su “persecución” es la expansión del monoteísmo; cada lugar que visitaba, dejaba altares y proclamaba el nombre del Eterno (Bereshit 12:8).

El texto indica que Abraham vivía en estado de devekut (adhesión), cada acción suya era un tránsito pacífico porque estaba alineado con la voluntad del Eterno.

El Midrash Tanjuma (Lej Lejá 9) enseña que Abraham “pasó en paz” porque su palabra transformaba corazones; su victoria fue en el campo del alma antes que militar. Su mensaje era dejar atrás la idolatría para encaminar su servicio hacia el Creador de todo.

“¿Quién obró y lo hizo? El que llama a las generaciones desde el principio. Yo, Hashem, soy el primero, y con los últimos, Yo soy Él.” 

En este momento surge una pregunta retórica: ¿quién está detrás de todo esto? La respuesta es clara y majestuosa: El Eterno mismo.

Ibn Ezra señala que “Yo soy Él” alude a la eternidad del Ser: el mismo Elohim que guio a los Avot, dirige también a sus descendientes el pueblo judío en los tiempos finales.

El Midrash Rabá (Shemot 29:1) expone que Eterno “llama a las generaciones” para cumplir Su propósito a través de los justos de cada época. 

El Ramban Najmánides comenta que el verso y confirma la continuidad del pacto entre El Eterno y Abraham Avinu.

La frase “llama las generaciones” sugiere que cada generación tiene un llamado único. De esta manera se nos enseña que no estamos repitiendo el pasado, sino respondiendo a un llamado del Eterno en nuestro tiempo. Así como Abraham fue llamado en su generación, así como paso con los Nevim y el pueblo de Israel, así también nosotros somos convocados a cumplir nuestra misión. El Eterno no solo actúa en un instante, sino que llama a cada generación según su propósito.

“Las islas lo vieron y temieron, los confines de la tierra se estremecieron; se acercaron y vinieron.

Cada uno ayudó a su compañero, y a su hermano dijo: ‘Sé fuerte.’”

El Midrash (Bereshit Rabbah 44:8) asocia este pasaje con la repercusión espiritual de Abraham en el mundo. “Cuando Abraham proclamó el Nombre del Santo, las naciones temblaron, diciendo: ‘Un solo hombre ha estremecido el mundo.’” Es decir: La fe de Abraham produce un impacto moral y espiritual global, que obliga a cada cultura a definirse ante la verdad.

El Midrash Tehilim (47:3) comenta: “Cuando el Eterno exalta a Su pueblo, tiemblan las naciones, pues comprenden que la fuerza no es humana sino divina.”

En los escritos de los Neviim, “las costas” representan los pueblos más alejados de Israel, tanto geográficamente como espiritualmente. Esto puede ayudarnos a comprender que la revelación del Eterno no tiene fronteras: incluso los más distantes pueden percibir su poder.

Para el Ibn Ezra interpreta “las costas” como las culturas lejanas; su estremecimiento sugiere el reconocimiento del Elohim único.

“Tuvieron temor… se espantaron…” no es solo miedo, sino reconocimiento de algo mayor. Es decir que cuando el Eterno actúa en la historia, incluso los poderosos se estremecen. El temor aquí es una forma de despertar del alma: una sacudida que llama a la reflexión.

A pesar del temor, las naciones “se congregaron y vinieron”, el juicio por parte del Eterno no busca destruir, sino convocar. El temor puede ser el primer paso hacia el acercamiento, hacia el diálogo, hacia la transformación. 

“Cada uno ayuda a su compañero, y dice a su hermano: ‘Sé fuerte’. El carpintero anima al orfebre, y el que alisa con martillo dice al que golpea el yunque: ‘Está bien’. Y lo afirma con clavos para que no se tambalee.”

El Midrash Yalkut Shimoni (Ieshayahu 41:6) comenta que este pasaje ridiculiza la confianza humana en la obra de sus manos. En cambio, Israel es sostenido directamente por El Eterno, sin necesidad de soportes.

El Midrash Tanjuma (Noaj 3) lo interpreta de manera crítica: “Vieron los pueblos el poder del Elohim de Abraham y dijeron: ‘Hagamos dioses que nos salven también.’ Y se animaban unos a otros: “¡Sé fuerte!”.”

Moralmente, el texto muestra dos respuestas humanas ante lo divino: El reconocimiento reverente (como Malki Tzedek y Abimelej) ó La reacción defensiva —fortalecer los ídolos para no cambiar. De ahí la lección ética: Cada alma, cuando ve el testimonio de la fe verdadera,

o se acerca a la luz o se aferra a su oscuridad.

El Zóhar (Bereshit 56a) interpreta los “clavos” como los vínculos espirituales que los hombres fabrican para sostener su propio sistema de creencias; sólo la Emuná (fe) verdadera conecta con el propósito de la creación que es servir al Eterno.

“El carpintero animó al platero, y el que alisaba con martillo al que batía en el yunque, diciendo: Buena está la soldadura. Y lo afirmó con clavos, para que no se moviese.” 

Rashi interpreta este pasaje como una descripción irónica del proceso de fabricación de ídolos. Según él, los artesanos colaboran para construir una imagen que, a pesar de su apariencia, no tiene poder real. La frase “para que no se moviese” es clave: si necesita clavos para sostenerse, ¿cómo puede proteger a otros?

“Esto es una burla a los idólatras, que se esfuerzan en hacer ídolos y luego los aseguran con clavos para que no se caigan.” — Rashi sobre Ieshayahu 41:7

El Targum arameo parafrasea este pasaje como una crítica directa a la idolatría de las naciones, mostrando cómo los pueblos se animan mutuamente a fabricar imágenes falsas en lugar de volverse al Elohim verdadero. El énfasis está en la futilidad de su esfuerzo colectivo.

En la literatura midráshica, este tipo de pasajes se interpreta como una denuncia de la idolatría no solo física, sino también ideológica. El hecho de que los ídolos necesiten ser afirmados con clavos se convierte en símbolo de creencias humanas que requieren constante refuerzo porque carecen de verdad intrínseca.

“Pero tú, Israel, mi siervo eres; Yaakob, a quien escogí, simiente de Abraham, mi amado.”

— Yeshayahu / Ieshayahu 41:8

Midrash Rabá (Bereshit Rabá 63:4) enseña que el título de “siervo” no se da a cualquiera. 

Ser llamado siervo del Eterno no es señal de servidumbre degradante, sino de confianza. El Eterno comparte Su voluntad con Israel, haciéndolo partícipe en la reparación del mundo (tikkun olam).

Cuando Ieshayahu dice “Israel, mi siervo eres”, no describe una relación de sometimiento, sino de misión: ser el testigo de la presencia divina entre las naciones.

“A pesar de que las naciones te desprecian y te oprimen, Yo te he elegido, y no te desecharé.”

En la elección de Yaakob se revela el amor constante del Eterno. No se trata de mérito o poder, sino de fidelidad a la alianza. La elección por parte del Eterno persiste incluso cuando Israel se encuentra débil o disperso.

El nombre “Yaakob” aquí —en lugar de “Israel”— alude al aspecto más humilde y terrenal del pueblo, pero incluso en esa condición El Eterno dice: “te elegí”. Esto enseña que la elección divina no depende del estado espiritual actual, sino de la esencia eterna del alma israelita (neshamá klalit), como lo desarrolla el Ramban en su comentario sobre Devarim 7:7.

 

IV.“Descendencia de Abraham, mi amado”

 

Rashi comenta que este pasaje contrasta directamente con los anteriores, donde las naciones fabricaban ídolos. Aquí, el Eterno se dirige a Israel con ternura, recordando su elección y su vínculo con Abraham. Rashi destaca que “mi amigo” (ohavi) es una expresión única que subraya la intimidad entre el Eterno y Abraham, y por extensión, con su descendencia.

Sobre la base de este amor, Abraham no descansa. Vaga de un lugar a otro para difundir su fe monoteísta y llevar el conocimiento del Eterno al mundo. Este deambular continuo es su característica más sobresaliente como se describe en nuestra Parashá, apropiadamente llamada "Lej Lejá" - una vida de constante viaje. Incluso hacia el final de la parashá, el mandamiento del Eterno se expresa en términos de movimiento: "Camina delante de mí y sé perfecto". 

También en las generaciones venideras, Israel recibirá la fuerza para perseguir y destruir a sus enemigos. Serán comparados con "una nueva trilladora afilada con dientes",  una trilla con la que trillarán el grano para extraer lo bueno, el interior comestible, mientras dispersan la paja en el viento.

“Tú, Israel, no eres como ellos. Tú eres mi siervo, escogido, descendiente de Abraham, que me amó.” — Rashi sobre Ieshayahu 41:8 (Sefaria)

Este Midrash conecta el término “mi amigo” con la figura de Abraham como el primero en reconocer al Eterno públicamente, rompiendo con la idolatría de su generación. El Midrash interpreta que Eterno llama a Abraham “mi amigo” porque Abraham amó al Eterno antes de que Eterno se revelara plenamente, mostrando iniciativa espiritual.

Él buscó la verdad en medio de la idolatría, y por eso su amor fue proactivo, no reactivo.

Ser descendencia de Abraham implica heredar su capacidad de amar al Eterno sin condiciones, incluso en la oscuridad.

Así, Israel no sólo es elegido (bejirah), sino también amado (ahavah).

El Malbim comenta que “ohaví” indica reciprocidad: El Eterno ama a Abraham porque Abraham amó primero. 

Ser siervo no implica inferioridad, sino misión sagrada. En la tradición judía, el siervo del Eterno es quien lleva su luz al mundo. Israel, como siervo, tiene la tarea de vivir con justicia, compasión y fidelidad, reflejando el carácter del Eterno.

Por eso, este pasaje une tres títulos: Israel (siervo), Yaakob (escogido) y descendencia de Abraham (amado), mostrando tres niveles de relación:

              Avodá (servicio) → obediencia y acción;

              Bejirah (elección) → vínculo de destino;

              Ahavá (amor) → unión del corazón.

4. La elección perpetua de Israel

“A quien tomé de los confines de la tierra y de sus nobles lo llamé; y dije a ti: ‘Tú eres mi siervo, yo te escogí, y no te he desechado’.” 

Este pasaje forma parte del mensaje de consuelo que se aborda en Ieshayahu entre los capítulos 40-41, que reitera la relación especial del Eterno con Israel: llamado, elección, y promesa de no abandono. En ese marco, este texto en particular, se dirige directamente al pueblo de Israel (“tú”) al recordar el acto de rescate, elección y compromiso, se reafirma la relación de elección eterna de Israel.

El pasaje se encuentra en el contexto de la nevúa de Ieshayahu sobre la redención de Israel y la era del Mashiaj. En este capítulo, el Eterno se dirige a Israel y le recuerda su relación especial con Él y su elección como pueblo elegido.

La elección de Abraham es el origen histórico de la elección de Isareal; por lo tanto, el pasaje rememora ese llamado (ver Ieshayahu 41:2-3). El Eterno le dice a Israel que lo ha llamado y elegido para ser su siervo. La frase "de los confines de la tierra" se refiere a la dispersión de Israel entre las naciones. La frase "y de sus nobles lo llamé" se refiere a la elección de los Avot y los Pastores de Israel- según el Ibn Ezra.

Tanto Rashi como el Radak sobre este pasaje entienden que "El Eterno le dice a Israel que lo ha elegido y llamado para ser su siervo, y que no lo ha desechado, a pesar de que Israel ha pecado y ha sido infiel."

En efecto, en el contexto del exilio que describe el naví, es necesario no solo centrarse en la elección misma de Israel, sino también enfatizar que dicha elección ha perdurado a través de las generaciones. No basta con argumentar que Israel fue elegido en el pasado, pues sus acciones podrían haber anulado el pacto y la elección, siendo su exilio una expresión y prueba de ello.   Nuestros sabios pusieron en boca de la generación de Iejezkel el argumento de «un siervo vendido por su amo, ¿qué derecho tiene contra él?», y para contrarrestarlo, Ieshayahu recalca: «No te he desechado». No basta con mencionar la elección de Israel sin añadir que esta se fundamenta en un pacto y que Eterno ha permanecido fiel a su pueblo a lo largo de las generaciones.

El “siervo” es interpretado por muchos como el pueblo de Israel o el remanente justo entre él. Aquí se subraya la permanencia del pacto: aunque Israel enfrente pruebas, el Eterno confirma que no lo abandona, del exilio a la promesa, de la duda a la seguridad, del pasado de elección al presente de misión. El pasaje afirma que Eterno ha llamado y elegido, que ha extendido Su mano hacia lo lejano y no ha retirado Su alianza. Para el lector judío, esto significa: no importa cuán lejos me encuentre, ni cuán quebrantado esté el mundo, mi vínculo con el Eterno permanece intacto. Y esa certeza transforma la vida en servicio, y el mandato en encuentro.

“No temas, porque Yo estoy contigo; no te angusties, porque Yo soy tu Elohim. Te fortaleceré, sí, te ayudaré, sí, te sostendré con la diestra de Mi justicia.”

El pasaje alude al camino de Abraham —quien en la parashá Lej Lejá también fue llamado a caminar sin temor, confiando solo en la presencia divina (Bereshit 15:1), aquí sugiere que el pacto con Abraham se perpetúa: el mismo “no temas” dirigido al patriarca resuena en la historia de Israel. “Al-tirá” se convierte en un eco en la Nevuá de todas las generaciones judías, una revelación de acompañamiento eterno.

Rav Hirsch comenta que el mandato “No temas” no es una mera consolación psicológica, sino una instrucción ética. La fe en la providencia del Eterno debe transformarse en acción moral valiente. “El que sabe que el Eterno está con él, no se esconde del deber, sino que lo enfrenta con serenidad.” 

El Midrash Tanjuma (Lej Lejá 6) enseña: “Cuando Israel teme, el Santo, bendito sea, le dice: ¿Por qué temes si Yo estoy contigo? ¿Acaso no fui Yo quien te eligió?”  Este midrash enfatiza la reciprocidad del pacto: el hombre puede temer solo cuando olvida la presencia del Eterno. 

Ramban observa que la expresión “con la diestra de Mi justicia” implica asociación: el justo actúa como la “diestra” del Eterno en la tierra, siendo su instrumento de rectitud. El mensaje ético central es que la confianza (bitajón) es una forma de fe activa. No basta creer; se debe caminar sin miedo en la justicia divina.

Rav Kook añade (en Orot HaKodesh II) que la verdadera fortaleza (oz) proviene del reconocimiento de la santidad en cada circunstancia; así, la fe convierte el miedo en expansión espiritual.

“He aquí que todos los que se enardecen contra ti serán avergonzados y confundidos; los que contienden contigo serán como nada, y perecerán.”

Ieshayahu dirige este mensaje a Israel en medio del exilio y la humillación nacional. El naví revela la voz del Eterno que promete consuelo y justicia: las naciones que se levantan contra el pueblo de Israel no prevalecerán, porque Eterno mismo sostiene la causa de Su pueblo.

Ieshayahu 41:11 revela la protección perpetua del Eterno sobre Su pueblo y la certeza de que toda fuerza contraria al propósito del Eterno se desvanece.

Radak (David Kimhi) agrega que la expresión “serán como nada” indica no solo derrota física sino pérdida de relevancia moral e histórica. Las potencias que dominan el mundo carecen de permanencia porque sus valores no se sustentan en la verdad divina.

En la lectura simbólica, los enemigos externos representan también los conflictos internos del alma humana. El Malbim sugiere que la lucha descrita no es solo entre naciones, sino entre la emuná y las fuerzas del escepticismo o idolatría. “Serán avergonzados” alude al desenmascaramiento de toda creencia falsa ante la luz de la verdad de la Torá. 

El pasaje se convierte así en un mensaje ético: quien se opone al propósito del Eterno —en sí mismo o en el mundo— acaba por disolverse “como nada”. Los enemigos son reducidos a “nada”, lo que sugiere que el mal no tiene sustancia duradera ante la justicia divina.

El pasaje refuerza la visión profética de la historia: Israel es portador de una misión eterna, y la adversidad, por grande que sea, no podrá extinguir la luz que lleva, lo que nos lleva a concluir que se trata de una promesa de la protección divina para Israel. Se considera que aquellos que se oponen a Israel se oponen al Eterno mismo, y que Eterno protegerá a su pueblo elegido.

“Los buscarás y no los hallarás, los hombres que contienden contigo; serán como nada y como inexistencia, los hombres que te hacen la guerra.”

Aunque no comenta directamente este pasaje, Maimónides en la guía de los perplejos sostiene que la providencia divina se manifiesta en la protección de los justos. Ieshayahu 41:12 puede leerse como una expresión de hashgajá pratit (providencia individual) para Israel como colectivo.

Rav Kook interpreta la desaparición de los enemigos como parte del proceso de tikún (rectificación). El mal no es sustancial, sino ausencia de bien; por eso puede ser reducido a “אֶפֶס”.

Desde una lectura ética, podría ver este pasaje como una afirmación de la justicia trascendente que no se basa en venganza, sino en la restauración del orden moral. La desaparición del enemigo no es destrucción, sino superación, según Emanuel Levinas.

 

V. La intervención del Eterno para establecer la redención

 

“Porque yo soy el Hashem tu Elohim; te agarraré (sostendré) de tu mano derecha y te libraré / te rescataré.”

El pase descubre alusiones que conectan esta promesa con temas más amplios: Mano derecha = favor y liderazgo; para el Ramban resalta la función formativa: la mano divina ayuda a rectificar y a reforzar la teshuvá (retorno) colectivo del pueblo de Isarel.: la alusión remite a otras escenas aquí la mano implica guía y poder salvador.

Paralelismo con Abraham Avinu, remite a la dinámica del llamado (Lej Lejá): así como el Eterno acompañó y confirmó a Abraham, ahora vuelve a tomar la mano de toda su descendencia, la frase sugiere ratificación del pacto: no solo protección puntual, sino continuidad de la alianza, en ese sentido apunta a que la protección divina forma parte de la estructura relacional (pacto) y misión del pueblo.

«No temas, gusano de Yaakob, vosotros, pocos de Israel; Yo te ayudaré —declara el Eterno—, tu Redentor es el Santo de Israel.»

Rashi explica que el término “tola’at Yaakob” (gusano de Yaakob) alude a la humildad y la aparente debilidad del pueblo de Israel. Sin embargo, como el gusano que horada la madera con su boca, así Israel, con su voz en la Tefilá y en el estudio de la Torá, vence a sus enemigos sin fuerza militar. “No es con espada que Israel triunfa, sino con la boca, con la palabra del Eterno.”

Talmud (Berajot 32b): conecta la idea de “tola’at” con la fuerza espiritual de la plegaria: “Israel es débil como el gusano, pero su fuerza está en la boca”.

Rab David Kimji, enfatiza que “Redentor” ( goel-גֹּאֵל) alude al pariente cercano que rescata en tiempos de crisis, como en Vayikrá 25. El Eterno actúa como familiar íntimo de Israel. Podría leer este pasaje como una afirmación ética: el Santo de Israel redime al débil, lo que implica que la justicia divina se orienta hacia el vulnerable.

Para el Malbim distingue entre ayuda física (“yo te ayudaré”) y redención espiritual (“tu Redentor”). El Santo de Israel no solo interviene en los asuntos geopoliticos, sino que transforma la condición del alma cuando Israel decide ir por el camino de la Teshuvá.

«He aquí que te haré como trillo afilado, nuevo, con dientes dobles; trillarás montes y los pulverizarás, y convertirás las colinas en paja menuda.»

Ieshayahu 41:15 es la contracara del pasaje anterior: del “gusano” humilde emerge ahora un instrumento de transformación que conecta el Jesed del Eterno y de la fidelidad de Israel.

El mensaje central es que la fuerza del pueblo de Israel no proviene de la violencia, sino del poder moral y espiritual que purifica la realidad. El trillo representa la sabiduría activa de la Torá: separa, refina y renueva.

Los “montes” —símbolos de los imperios, soberbia, idolatría o injusticia— para el Malbim los “montes” son las filosofías paganas, los sistemas de pensamiento contrarios a la verdad de la Torá. El trillo representa la Torá, que desmenuza los errores de las naciones y revela la verdad.

En términos de musar: El ser humano debe convertirse en “morag jadash”, un instrumento de refinamiento, la santidad no destruye el mundo, sino que lo transforma desde su raíz, el proceso de la redención está en curso en cada generación (Zóhar, Bereshit 85b).

El propósito cabal del texto es mostrar que la redención de Israel no es solo liberación política, sino transformación almática. La victoria no culmina en venganza, sino en regocijo en el Eterno. La justicia divina se manifiesta no solo en la derrota del mal, sino en la restauración del vínculo sagrado entre Elohim e Israel.

Rav Kook enseña el “regocijo en el Eterno” como expresión de la alegría de la Era del Mashiaj. La dispersión del mal abre espacio para la revelación espiritual y la reconstrucción ética.

Se destaca la protección del Eterno para Israel y la confianza que deben tener en el Eerno en momentos de dificultad. La imagen del viento y el torbellino se utiliza para enfatizar la fuerza y el poder del Eterno para proteger y salvar a su pueblo. Él se presenta como el protector y salvador de su pueblo, y promete ayudarlos a vencer a sus enemigos. La confianza en Él es fundamental para la supervivencia y el éxito de Israel.

6. Conclusiones

Tanto Abraham como Israel son llamados a caminar en la fe hacia un destino no visto. El mandato “Lej Lejá” (“Vete para ti mismo”) y el mensaje “No temas, porque Yo estoy contigo” (41:10) convergen en una misma idea: la obediencia confiada abre el camino de la revelación.

Como Abraham dejó su seguridad, Israel debe dejar su desesperanza. Ambos son invitados a descubrir que la verdadera tierra prometida es la fidelidad al Eterno.

El texto enseña que la confianza en el Eterno (bitajón) no es pasividad, sino acto de voluntad y fe.

Cada mitzvá que realizamos, incluso en el exilio, reconstruye la presencia divina en el mundo.

Ieshayahu, como maestro del consuelo, nos recuerda que la grandeza de Israel no radica en el poder militar, sino en la santidad del vínculo.

Como escribe Rav Hirsch, “Israel es llamado a ser testigo del Eterno en la historia; su fuerza radica en la fidelidad espiritual, no en la espada”.

La Haftará Lej Lejá revela el movimiento constante del alma judía: del cansancio a la esperanza, del exilio al retorno, del temor a la confianza.

El mensaje es eterno: El Eterno sostiene a Su pueblo y lo invita a participar en Su obra redentora.

El “gusano de Yaakob” se transforma en “instrumento de trillar nuevo”, símbolo de renovación y misión universal.

La fe de Abraham, la esperanza de Israel y la promesa de redención se funden en un mismo hilo que atraviesa toda la historia judía.

 

VI. Glosario

1.            יְשַׁעְיָהוּ      Yeshayahu            Isaías     “El Eterno es salvación”; Naví del consuelo y redención.

2.            יִשְׂרָאֵל      Yisrael   Israel     “El que lucha con Elohim”; símbolo del pueblo elegido y perseverante.

a.             נְאֻם־יְהוָה Ne’um Adonai      se relaciona con el entendimiento de una palabra directa del Eterno.

3.            עֶבֶד          Eved Siervo Representa a Israel como servidor fiel del Eterno y portador de Su testimonio.

4.            גּוֹיִם          Goyim    Naciones, Los pueblos del mundo.

5.            בְּרִית        Brit         Pacto, alianza      Relación sagrada establecida entre el Eterno y Su pueblo.

6.            גְּאֻלָּה        Ge’ulá     Redención, Liberación espiritual y nacional prometida por el Eterno.

7.            יְשׁוּעָה       Yeshuá   Salvación, Intervención divina que rescata al justo o al pueblo de la aflicción.

8.            אֱמוּנָה       Emuná, Confianza activa y consciente en la fidelidad del Eterno.

9.            בִּטָּחוֹן       Bitajón   Seguridad, confianza, Certeza interior basada en la fe en la Providencia divina.

10.          נֶשֶׁר          Nésher   Águila   Símbolo de elevación espiritual y renovación del alma.

11.          כֹּחַ            Koaj        Fuerza, poder      Energía física y espiritual otorgada por el Eterno.

12.          קְדוּשָׁה      Kedushá Santidad, Estado de separación y consagración a lo divino.

13.          רוּחַ          Ruaj        Espíritu, aliento, Espíritu divino que inspira y fortalece al hombre.

14.          שְׁכִינָה       Shejiná     Presencia divina, Manifestación inmanente del Eterno que acompaña a Su pueblo.

15.          נְבוּאָה       Nevu’á   Comunicación inspirada de la voluntad divina.

16.          תִּקּוּן         Tikún     Rectificación       Proceso de reparación espiritual y moral del mundo.

17.          חֶסֶד          Jésed      Bondad, misericordia       Amor y gracia divinos expresados en la alianza.

18.          דִּין            Din Juicio, Justicia divina que equilibra el orden moral.

19.          רַחֲמִים      Rajamim Misericordia      Compasión divina que suaviza el rigor del juicio.

20.          עוֹלָם        Olam      Mundo, eternidad              Dimensión temporal y espiritual de la creación.

21.          מַלְכוּת      Maljut    Reinado, soberanía           Manifestación del gobierno divino sobre la creación.

22.          בֵּית יַעֲקֹב  Beit Ya‘akov Casa de Jacob             Designación espiritual del pueblo de Israel.

23.          אֲדֹנָי          Adonai   El Señor Nombre que expresa la autoridad y señorío del Eterno.

24.          יָד יְמִין      Yad Yemin Mano derecha                Símbolo de poder, justicia y protección divina.

25.          נְחָמָה        Nejamá Consuelo               Tema central del “Segundo Isaías”: restauración y esperanza.

26.          עָנָו           Anav Humilde, Virtud espiritual de quien se somete a la voluntad divina.

27.          עֲבֹדָה        Avodá    Servicio, Acción de servir al Eterno mediante la mitzvá y la oración.

28.          מִצְוָה        Mitzvá   Mandamiento      Expresión concreta del vínculo entre el hombre y el Eterno.

29.          נִסָּיוֹן         Nisayon, Prueba Circunstancia que revela la fe y la fidelidad del creyente.

30.          גָּאוֹן          Gaón Orgullo, majestad En sentido positivo, grandeza divina; en negativo, soberbia humana.

31.          עֵזֶר          Ezer Ayuda, socorro Presencia divina que fortalece y rescata al justo.

32.          שָׁלוֹם       Shalom  Paz, plenitud Armonía espiritual derivada de la justicia divina.

33.          צֶדֶק          Tzedek   Justicia  Principio ético fundamental del orden divino.

34.          מוֹרָא        Morá      Temor reverente Actitud de respeto ante la santidad del Eterno.

35.          תִּקְוָה        Tikvá     Esperanza Expectativa activa de redención y renovación espiritual.

36.          עֵד            Ed Testigo, Israel como testimonio vivo de la presencia divina.

37.          נָבִיא         Navi, Portavoz de la voluntad divina ante el pueblo.

38.          אֱלֹהִים      Elohim, el Juez  Nombre que enfatiza el poder creador y la justicia divina.

 

VII. Fuentes 

 

              Rashi. (s.f.). Comentario a Ieshayahu 40:27–41:16. En Mikraot Gedolot HaKeter.

              Ibn Ezra. (s.f.). Comentario a Ieshayahu 40–41.

              Radak. (s.f.). Perush al Ieshayahu.

              Malbim. (s.f.). Perush al Ieshayahu.

              Rambam, M. (1977). Moreh Nevujim. Mossad HaRav Kook.

              Midrash Rabá. (s.f.). Bereshit Rabá 39:1–2.

              Talmud Bavlí. (s.f.). Sanhedrín 91a; Berajot 32b.

              Hirsch, S. R. (1867). Horeb. Frankfurt.

              Kook, A. I. (1938). Orot HaKodesh. Jerusalem.

              Zóhar. (s.f.). Bereshit 85b; Shemot 23a.

              Zohar I:91b – expansión del alma y vuelo espiritual

              Zohar II:34a – el despertar del justo como agente de juicio

              Zohar III:70a – la mano derecha como símbolo de Jesed

              Zohar I:76b – el viento como Ruaj HaKodesh que purifica

              Zohar III:70a – unión de Jesed y Tiferet en la guía divina

              Zohar I:172a – el poder del justo en la palabra

              Zohar I:76b – viento y torbellino como agentes de limpieza espiritual

              Midrash Tehilim 22; Berajot 10a.

              Rav Hirsch, S. R. (1878). The Nineteen Letters on Judaism. Frankfurt: J. Kauffmann.

              Rav Kook, A. I. (1920). Orot HaKodesh II. Jerusalem: Mossad HaRav Kook.

              Talmud Bavli, Sanhedrin 91a; Shabbat 88a.

              Tanaj. (Ed. Mikraot Gedolot HaKeter). Jerusalem: Bar-Ilan University.

 

 

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