HAFTARA VAYERA - 5786
HAFTARÁ VAYERÁ AÑO 5786
MELAJIM BET 4:1-23
I. SÍNTESIS DE LA HAFTARÁ
La
haftará se divide en dos episodios protagonizados por mujeres en
situaciones de vulnerabilidad, ambas transformadas por la intervención
del Eterno por medio de la Nevúa:
1. El Nés (poder manifiesto del Eterno) del aceite (1–7)
Una
viuda (Almaná), esposa de un Talmid de los Neviim, acude a Elishá
porque el acreedor quiere tomar a sus hijos como siervos. Elishá le
pregunta qué tiene en casa, y ella responde que solo un frasco de
aceite. Él le instruye que recoja muchas vasijas vacías, cierre la
puerta y vierta aceite en ellas. El aceite fluye milagrosamente hasta
llenar todas las vasijas, lo que le permite venderlo y pagar la deuda.
Sin duda que esto representa la Providencia divina: El Eterno provee a través de lo poco que uno tiene.
Una Emuná firme: la mujer sigue las instrucciones sin cuestionar.
Privacidad del Nés: el acto ocurre “a puerta cerrada”, destacando la intimidad de la emuná.
2. La promesa del hijo a la mujer de Shunem (8–17)
Elishá
es hospedado por una mujer de Shunem, quien le ofrece una habitación
permanente. En agradecimiento, Elishá establece por nevus que ella
tendrá un hijo, a pesar de su edad avanzada de su esposo y esterilidad
que se presenta en el hogar. El niño nace al año siguiente, cumpliendo
la promesa.
Hóspitalidad (Hanasat Orjim) desinteresada: la mujer no pide nada a cambio.
Recompensa divina: su generosidad es premiada con vida nueva.
Paralelismo con Sara: como en la parashá, una mujer estéril concibe por intervención divina.
3. La muerte del hijo (18–23)
El
niño crece, pero un día sufre un dolor de cabeza y muere en brazos de
su madre. Ella lo coloca en la habitación de Elishá y parte en busca del
Naví, sin revelar la tragedia a su esposo.
Silencio y determinación: la madre actúa con confianza plena y resolución.
Confianza en el Naví: busca a Elishá como canal de redención.
Anticipación
a la intervencion del Eterno: aunque no se incluye en el pasaje
solicitado, el lector intuye que Elishá intervendrá. (esto se
desarrollara en el presente artículo de la haftará)
II. CONEXIÓN ENTRE LA HAFTARÁ Y LA PARASHÁ VAYERÁ.
El
vínculo entre la Parashá Vayera y su Haftará no es solo formal —dos
relatos de maternidad en un cotexto sobrenatural sino existencial y
elevación almática.
Ambas narraciones giran en torno a la tensión entre la promesa divina y la incredulidad humana.
En
el primer caso de la viuda y sus hijos el tema común entre este relato y
la Parashá Vayera es la intervención divina en una situación humana de
desesperación, Abraham y Sara en angustia por la falta de descendencia y
en el caso de la viuda desesperada por la pérdida y el riesgo de
esclavitud de sus hijos.
Así como Sara experimenta el acto
maravilloso de la vida donde no había posibilidad biológica, la viuda
experimenta el Nés (acción divina) de la supervivencia y provisión donde
no había esperanza material.
Ambas mujeres, además, actúan desde la fe y la obediencia:
Sara prepara el pan y sirve a los visitantes con Abraham (Bereshit 18:6).
La viuda sigue fielmente las instrucciones del Naví, incluso cuando parecen irracionales (Melajim bet. 4:3–5).
Así como Abraham fue llamado “luz de las naciones”, la viuda (Almaná) es “luz en su casa”.
Ambas narraciones revelan que la fe práctica —la que actúa en el hogar— es el medio por el cual la santidad desciende al mundo.
En otro contexto tenemos en esta Haftará la narrativa de la mujer de Shunem
La concepción de manera maravillosa
En
la parasha Sara Imenu, ya anciana y estéril, ríe ante la promesa de la
nevúa de concebir: “¿Acaso daré a luz siendo vieja?” (Bereshit 18:12).
En
la haftará la mujer shunamita, también estéril, responde con humildad
ante nevuá: “No, mi señor, hombre del Eterno, no engañes a tu sierva”
(Melajim bet 4:16).
Ambas mujeres —representantes del anhelo
humano de trascendencia— expresan el choque entre la razón y la fe,
entre la realidad biológica y la posibilidad de la intervension divina.
El
Malbim observa que la risa de Sara no fue de burla, sino de asombro
ante la irrupción de lo imposible. Así también la respuesta de la
shunamita no fue incredulidad, sino temor reverente ante la magnitud de
la promesa.
La hospitalidad (Hanasat Orjim) como portal de la bendición
La relación entre ambos relatos se acentúa en el valor del jesed (bondad) como vehículo de la revelación.
Abraham y Sara reciben a los tres visitantes bajo el roble de Mamré, ofreciéndoles pan, agua y descanso.
De ese gesto de hospitalidad nace la revelación y la bendición de Yitzjack.
La
shunamita construye para Elishá una habitación en su casa, con cama,
mesa, silla y candelero —símbolos, dice el Talmud (Berajot 10b), de la
presencia de la Shejiná. De ese gesto nace el hijo de manera
maravillosa.
Ambas historias, por tanto, enseñan que la casa que acoge al otro se convierte en un santuario.
El
Zohar (Vayera 103a) comenta que la hospitalidad (Hanasat Orjim) de
Abraham fue el canal por el cual la energía divina descendió al mundo
físico; el Malbim amplía que la habitación de la shunamita fue una
“morada de santidad” donde la Luz de Jojmá (sabiduría divina) se hizo
presente.
En otras palabras, el Nés se produce allí donde hay apertura y servicio desinteresado.
El hijo prometido y la fe probada
La similitud va más allá del nacimiento: ambos hijos atraviesan el umbral de la muerte y son rescatados por mérito de la fe.
En la Akedá, Abraham se enfrenta a la posibilidad de sacrificar a su hijo, el mismo hijo prometido.
La fe supera la razón; el sacrificio no se consuma, pero la entrega del alma sí.
El niño de la mujer de Shunem muere repentinamente, y la madre corre hacia el Naví sin revelar a nadie lo ocurrido.
Elishá resucita al niño, colocando su cuerpo sobre el del pequeño, símbolo de la transmisión del aliento divino (ruaj ha’jayim).
Ambos
episodios representan la transformación de la fe en experiencia viva:
En la Parashá, la vida es preservada, y en la Haftará, la vida es
restaurada.
El Ramban señala que los Nesim (actos portentosos del
Eterno) en la Torá son ra’ayonot le’dorot —“ideas para todas las
generaciones”—, y la Haftará muestra su continuidad: lo que fue
inaugurado en Abraham y Sara (la promesa de vida) se prolonga en Israel a
través de los Neviim.
III. EN MEDIO DE LA DESESPERACIÓN, LA CONFIANZA EN EL ETERNO, TRÁE LUZ.
1.
Una mujer, esposa de uno de los discípulos de los Neviim, clamó a
Elishá: «Tu siervo, mi esposo, ha muerto, y tú sabes cuánto reverenciaba
tu siervo al Eterno. Y ahora viene un acreedor a llevarse a mis dos
hijos como esclavos».
Este pasaje introduce una de las narrativas
acerca de las maravillas del Eterno realizadas por Elishá. Una viuda,
esposa de un Naví, se encuentra en una situación desesperada: su esposo
ha muerto, y un acreedor amenaza con tomar a sus hijos como esclavos.
Rashi y el Radak Identifica al esposo como Ovadia, y que la deuda fue
contraída para alimentar a los neviim escondidos en el tiempo de
persecución con pena de muerte por parte de Iezabel.
El Malbim
destaca la justicia de la viuda al acudir a Elishá, reconociendo su rol
como líder espiritual, y subraya la tensión entre la ley (derecho del
acreedor) y la compasión en la Nevuá.
El pasaje se apoya en una
realidad legal que la Torá regula: la posibilidad de que un deudor (o
sus hijos) entre en servidumbre para compensar deudas se regula en
Vayikra 25 (véase Vayikra 25:39–41, 47–55) (ley del siervo hebreo,
liberación en el año de Shemitá). El relato no inventa un recurso:
describe la aplicación práctica y la tensión humana que la ley puede
generar en situaciones de pobreza. Esto sirve como trasfondo jurídico de
la crisis de la viuda.
El Talmud amplía las obligaciones del amo
hacia el siervo-hebreo (trato digno, responsabilidades familiares del
amo, etc.), lo cual matiza la gravedad social del episodio: perder a los
hijos como siervos no es una pérdida irreparable pero sí una cesura
familiar grave —por eso la intervención de la Nevúabusca restauración
económica y social.
Melaim Bet 4:1 nos enseña que incluso cuando
la ley permite la servidumbre por deuda, la voz de la Nevuá
—representada por Elishá— debe elevarse para restaurar la dignidad
humana. La viuda representa a Israel en su vulnerabilidad, y sus hijos,
el futuro amenazado. El Naví no solo responde con un acto maravillos,
sino con una afirmación de que la compasión y la emuná pueden subvertir
incluso las estructuras legales más rígidas. Así, el texto se convierte
en un llamado eterno a la justicia con Jesed —tzedek u’mishpat— en todos
los niveles del ser.
2. Elishá le dijo: “¿Qué puedo hacer
por ti? Dime, ¿qué tienes en casa?”. Ella respondió: “Tu sierva no tiene
nada en casa, excepto una jarra de aceite”.
El pasaje actúa como
núcleo operativo del Nés (acto portentoso del Eterno) que sigue: reúne
lo jurídico (riesgo de servidumbre), lo moral (mérito y apelación a la
piedad), lo práctico (inventario de recursos) y lo místico (el aceite
como canal de bendición). Para la Haftará de Vayera, resalta la
reciprocidad entre acto humano de fe / hospitalidad y la manifestación
de la promesa divina (vida y provisión).
Elishá pregunta a la
viuda qué recursos tiene; ella responde que solo posee “un frasco de
aceite”. La pregunta del Naví introduce una solución pragmática (usar lo
que haya) y sitúa la escena para el Nés (acto portentoso) práctico que
sigue: multiplicación del aceite mediante la instructiva de la Nevúa;
La respuesta de la mujer (“no hay nada excepto un frasco/vasija de
aceite”) prepara el escenario para la maravillao que sigue (llenado de
vasijas) y permite resaltar la humildad de la posición de la mujer su
necesidad de que se le haga justicia con compasión y de esta manera
preparar el escenario para la providencia que seguirá.
Para el
Malbin, él ve en la pregunta de Elishá una instrucción de la nevúa: no
imponer ayuda, sino despertar la conciencia de lo que Este pasaje revela
la profundidad del enfoque profético: no imponer soluciones, sino
despertar la conciencia del potencial interno. La pregunta de Elishá no
es retórica, sino transformadora. La vasija de aceite, mínima en
apariencia, se convierte en el punto de partida para la redención.
Nechama Leibowitz: Destaca la ilustración de Elishá: no resolver el problema desde fuera, sino empoderar desde dentro.
En el Talmud (Berajot 5b): Enseña que incluso lo mínimo puede ser fuente de bendición si se pone al servicio de Hashem.
Entonces
que la salvación no viene del exterior, sino de la activación de lo que
ya está presente. El aceite es la chispa divina que queda en el alma, y
el Naví es el catalizador que la hace fluir. La viuda, símbolo de
Israel en exilio, aún conserva una gota de luz. El Nés (Intervención del
Eterno) comienza cuando esa luz se reconoce y se pone en movimiento.
3. —Ve —dijo— y pide prestados recipientes de afuera, a todos tus vecinos, recipientes vacíos, tantos como puedas.
Malbim:
Destaca que el Naví no le da directamente el aceite, sino que la
instruye para que ella misma participe en el proceso, lo que refuerza su
dignidad y agencia. De la misma manera el Radak: Interpreta que Elishá
busca que la mujer actúe con diligencia y la emuná. Las vasijas vacías
representan la preparación para recibir la bendición.
Aunque el
episodio expresa un acto de poder maravilloso, se apoya en prácticas
sociales reales: pedir prestadas vasijas al vecindario implica normas de
sha'alah (préstamo) y responsabilidad del prestatario. La tradición
talmúdica y la halajá regulan préstamos, responsabilidades por daño y la
obligación moral de prestar en caso de necesidad (discusión extensa en
Bava Metzia; normas prácticas en Suljan Aruj, Joshen Mishpat). Estas
fuentes muestran que la idea y la acción de pedir prestadas vasijas a
vecinos era jurídicamente plausible y normativa en la tradición judía.
Véanse, por ejemplo, las discusiones de la Guemará sobre obligaciones
del prestatario y las reglas del préstamo (Bava Metzia) y las
codificaciones en Suljan Aruj (Joshen Mishpat).
Los comentaristas
nos isntruyen sobre como es la mecánica de los actos portentosos, por
ejemplo, Ibn Ezra: Sugiere que las vasijas vacías aluden a la capacidad
espiritual de recibir. La mujer debe abrirse a la posibilidad de lo
sobrenatural; el Rambam (en Moreh Nevujim), su enfoque racional permite
ver aquí una pedagogía de la acción: Las intervenciones del Eterno en
las leyes de la naturaleza requiere preparación y estructura. Para Rav
Hirch la instrucción de buscar vasijas entre los vecinos implica una
dimensión comunitaria: la redención no es aislada, sino social.
Midrash Tanjuma, compara las vasijas con los corazones humanos: vacíos, pero capaces de ser llenados con la luz divina.
Talmud
(Ta’anit 25a): Enseña que los actos portentosos requieren recipientes:
tanto físicos como espirituales. La emuná debe tener un canal.
Halajá:
El acto de pedir prestado implica responsabilidad y confianza. La mujer
no roba ni exige, sino que solicita con humildad, lo que refuerza el
valor de la hesed (bondad).
Melaim Bet 4:3 no es una instrucción
menor; es el momento en que la profecía toma forma práctica: el Naví
pide recipientes porque la bendición divina se manifiesta en kelim
humanos preparados.
Elishá no impone el Nés (acto de poder), lo
convoca a través de la acción de la viuda. Las vasijas vacías son
símbolo de apertura, fe, estructura y comunidad. El número de
recipientes determina la magnitud del Nés, lo que enseña que la
preparación humana es proporcional a la revelación divina. De esta
manera la redención comienza con la disposición a recibir. Las vasijas
vacías son los corazones abiertos, las estructuras listas, las
comunidades solidarias. El Naví no solo canaliza lo divino, sino que
educa en la fe activa. Los actos portentosos del Eterno no son magia, en
este caso es producto de la formación almática de la comunidad, ya que
es resultado del compromiso social por el prójimo. La enseñanza integral
es en base a la Torá y la ética: la apertura humana y la solidaridad
comunitaria hacen posible la manifestación de la providencia divina.
4.
Luego entra y cierra la puerta tras ti y tus hijos, y vierte
[aceite] en todos esos recipientes, sacándolos uno a medida que se vayan
llenando.”
El acto de cerrar la puerta detrás de ella y de sus
hijos puede vincularse a nociones de reserva, santidad del hogar y la
protección de lo sagrado dentro de la vida doméstica. En la literatura
rabínica, el hogar es visto como mikdash me’at (pequeño santuario), y el
acto de cerrar la puerta puede simbolizar separación del mundo profano.
Además,
la glosa de Rashi indica que “la honorabilidad del Nés (maravilla) es
que venga en oculto” —esto conecta con la ética judía que prefiere
modestia en los actos portentosos o intervenciones divinas (ver
literatura talmúdica sobre modestia y actos piadosos privados). Si bien
no encontré un pasaje talmúdico exacto que cite “cerrar la puerta” en
este sentido, el tema es congruente con la visión halájica de evitar
alarde en los actos de santidad. Señala el Malbim que el Nés (acto
portentoso del Eterno) requería un entorno de fe pura, sin interferencia
externa. El acto de verter el aceite es participativo: la mujer no es
espectadora, sino agente del Nés (acto de poder).
Rav Hirsch dice
que el hogar es el lugar donde se cultiva la fe auténtica. El acto de
cerrar la puerta es una afirmación de que lo sagrado comienza en lo
íntimo.
Este pasaje redunda en el concepto de que el Nés
(maravilla) no es un acto mágico, sino una composición en niveles del
Poder del Eterno para intervenir en la naturleza. La mujer debe
encerrarse, no para esconderse, sino para crear un espacio sagrado. El
aceite fluye solo cuando hay vasijas, fe y recogimiento. El Nés (acto de
poder) es silencioso, íntimo, pero profundamente transformador.
Midrash
(Tanjuma, Vayera 4): Compara el acto de cerrar la puerta con el de
Abraham al preparar el altar: ambos actos requieren separación del mundo
para permitir la revelación.
Además, la acción de verter “en
todos los recipientes” sugiere que la bendición divina se extiende más
allá de la necesidad inmediata: el “rico en milagro” es aquel que
prepara muchos recipientes (muchas posibilidades).
En el marco de
la Haftará-Vayera, esto alude a la hospitalidad (Hanasat Orjim) de
Abraham: la puerta de su tienda era abierta, pero el Nés (acto de poder)
de la promesa divina se manifestó desde un estado de acogida humilde y
privada.
Halajá: El concepto de tzniut (modestia) se refleja aquí: los actos sagrados deben realizarse con recato, no para exhibición.
Entender
que la redención comienza en lo oculto. El Naví instruye a la viuda a
crear un santuario doméstico donde la luz divina pueda fluir. El aceite
no se multiplica en el mercado, sino en la intimidad del hogar. Así, el
texto nos recuerda que la fe auténtica se cultiva en lo secreto, y que
los actos portentosos más profundos ocurren cuando el alma se encierra
con sus hijos —sus futuros— y se dispone a verter su última gota de
esperanza.
Talmud (Berajot 5b): Enseña que la shejiná reposa en
espacios de humildad y recogimiento. El Nés necesita un recipiente
físico y espiritual.
En resumen, el pasaje demuestra que la
intervención divina se articula mediante la acción humana responsable,
la comunidad, la humildad y la apertura. Para la Haftará, refuerza el
mensaje de que la bendición vivificante —que en Vayera aparece con el
nacimiento de Isaac y la hospitalidad (Hanasat Orjim) de Abraham— se
actualiza en Israel mediante la profecía, la cooperación y la fe.
5. Se marchó y cerró la puerta tras ella y sus hijos. Ellos seguían trayéndole vasos y ella seguía sirviéndoles.
Vemos
que la providencia divina se despliega mediante la palabra del Naví y
la cooperación comunitaria. Elishá incita la acción: reunir recipientes,
entrar en la casa y cerrar la puerta; la multiplicación del aceite
opera hasta que se agotan los kelim —y entonces el flujo se interrumpe.
La lección integral es doble: (a) El Eterno provee abundantemente a
través de canales proféticos y comunitarios; (b) en un entorno ético, la
receptividad humana (fe, iniciativa, solidaridad) es condición para que
la abundancia se manifieste. Desde la filosofía judía (Rambam) hasta la
mística (kabalá, Rav Kook), el relato insiste en que la “intervención”
divina no borra la responsabilidad humana: las manos que traen
recipientes hacen posible que la bendición se revele físicamente.
Radak
subraya que la mujer obedeció exactamente las instrucciones de Elishá,
lo que demuestra su fe y disposición. El Nés (acto de poder) ocurre en
el marco de esa obediencia. Se enfatiza que el cierre de la puerta es
parte integral del proceso sobrenatural, preservando la modestia y el
recogimiento de acuerdo a la perspectiva de Rashí.
Midrash
(Shemot Rabá 15:22), compara el aceite con la Torá: cuanto más se
vierte, más se multiplica. Lo que nos lleva a concretar en esta caso que
la mujer representa al alma que distribuye sabiduría.
El trabajo
en familia refleja el elevado valor de la educación de los hijos en el
judaísmo. La participación de los hijos en el proceso refuerza la
transmisión intergeneracional de la fe.
Este pasaje encapsula una
profunda enseñanza judía: la fe no es pasiva, sino activa. La mujer no
espera el Nés (acto de poder); lo provoca con acción, obediencia y fe.
El aceite representa la bendición divina que fluye cuando hay
preparación, unidad y privacidad espiritual. Desde el nivel literal
hasta el místico, el texto enseña que cada recipiente (persona,
comunidad) puede ser llenado con luz divina si se abre al proceso con
humildad y acción. En el contexto de la Haftará, este acto de portento
refleja la promesa de continuidad y redención incluso en tiempos de
crisis.
Talmud (Shabat 32a), Enseña que los actos de fe
realizados en privado tienen mayor mérito. El Nés ocurre en lo oculto,
como la recompensa divina.
6. Cuando las vasijas estuvieron
llenas, ella le dijo a su hijo: “Tráeme otra vasija”. Él le respondió:
“No hay más vasijas”; y el aceite dejó de fluir.
Se enfatiza que
el flujo del aceite estaba condicionado por la fe y la acción. El límite
no lo pone el Eterno, sino la capacidad humana de recibir, por lo cual
el aceite cesó no por falta de poder divino, sino porque ya no había
recipientes disponibles. El Nés (acto de poder) se ajusta a la
preparación humana (según El Malbim y Rashí). Para el Radak señala que
el cese del aceite muestra que el Nés dependía de la acción humana: la
mujer debía proveer recipientes para que el Nés continuara.
Talmud
(Berajot 5b) vincula este pasaje con la idea de que la recompensa
divina se mide por el esfuerzo humano. La mujer actuó, y el Nés
respondió. Hay una referencia en la Halajá (Shulján Aruj, Oraj Jaim 676)
usa este pasaje para enseñar sobre el aceite en Janucá: la luz se
multiplica mientras haya recipiente (mecha, vasija).
El verso
narra el fin del prodigio, la multiplicación fue proporcional a la
capacidad de los recipientes. El detalle semántico («וַיַּעֲמֹד
הַשָּׁמֶן») comunica que la acción cesó por una razón concreta: se agotó
la capacidad humana de recepción.
El Nés enseña que el Eterno
obra a través de la acción humana y comunitaria: la mujer obedece y
organiza, los vecinos prestan recipientes y el Naví dirige. El pasaje se
convierte en paradigma de solidaridad social, de tzedaká y de la
obligación de la comunidad hacia viudas y huérfanos (visión presente en
la halajá).
Desde la óptica racionalista de Rambam, el relato
debe leerse con cautela respecto a interrupciones del orden natural;
desde la mística, es prueba de la relación dinámica entre mundo divino y
cooperantes humanos. Ambas perspectivas no se contradicen totalmente:
una enfatiza el marco natural, la otra la potencialidad de intervención
divina cuando la comunidad y la intención lo permiten.
7.
Ella fue y se lo contó al enviado del Eterno, y él le dijo: “Ve y vende
el petróleo para pagar tu deuda, y tú y tus hijos podrán vivir del
resto”.
Representa el punto de culminación práctica del Nés (acto
de poder) de la viuda: la abundancia que el Eterno concede, a través
del Naví, no se queda en lo excepcional, sino que se manifiesta en la
vida diaria: la viuda “vino y lo contó al Ish Elohim” (Elishá) sobre lo
que había sucedido. El Naví le da la instrucción práctica: «Ve,
véndelo», es decir, que liquide el aceite y los recipientes, pues “hay
lo bastante para todos tus hijos”. Luego ella procedió a vender y
acumuló pan para sus hijos. La provisión sobrenatural culminó, se
tradujo en recurso económico (aceite + recipientes) y permitió la
subsistencia de la mujer y su familia.
El Naví no sólo activó el
Nés, sino que aconseja qué hacer con ello: la prudencia de convertir el
don en sostenimiento. En la economía doméstica de la viuda esto tiene
sentido: deudas que pagar, hijos que mantener. Es importante que el Naví
diga «hay lo bastante para todos tus hijos» —enfatizando no sólo a sus
dos hijos sino a que el recurso es suficiente para sustentar a toda la
familia extendida también, como en el caso de sus sirvientes.
Midrash
Rabá enseña que el Naví no solo realiza las marivllas del Eterno, sino
que enseña responsabilidad ya que pagar deudas es una mitzvá.
Halajá
(Shulján Aruj, Joshen Mishpat 97) utiliza este pasaje para enseñar que
las deudas deben ser saldadas antes de usar bienes para otros fines.
El
pasaje Melaim Bet 4:7 cierra el Nés con una enseñanza profunda: la
espiritualidad auténtica se manifiesta en la ética cotidiana. El aceite,
símbolo de bendición divina, no se guarda ni se idolatra; se vende para
pagar deudas y sostener la vida. Desde el nivel literal hasta el
místico, el texto enseña que la intervención divina no reemplaza la
responsabilidad humana, sino que la potencia. En el contexto de la
Haftará, este pasaje muestra que la redención comienza con justicia,
dignidad y acción.
En resumen este pasaje nos invita a reconocer
los dones divinos, actuar con prudencia y generosidad, y convertir lo
extraordinario en sostenimiento para la vida cotidiana de la comunidad.
Así, la palabra del Naví, la fe de la mujer, y la acción social
convergen para hacer tangible la presencia del Eterno entre su pueblo.
IV. UNA MADRE JUDÍA SE CARACTERIZA POR SU CONFIANZA EN EL ETERNO.
8.
Un día, Elishá visitó Shunem. Allí vivía una mujer rica
que lo invitó a comer; y siempre que pasaba por allí, se detenía a
comer.
El verso describe un momento introductorio en la historia
de la mujer de Shunem, el Naví Elishá pasa por la ciudad de Shunem, y
allí vive una “mujer grande” que lo invita a comer. La expresión “mujer
grande” (“אִשָּׁה גְּדוֹלָה”) alude no solo a su posición social o
riqueza, sino a su magnanimidad, su sabiduría (jojmá), y su hospitalidad
(Hanasat Orjim) al Naví — es indicio de que ella es vaso apto para
bendición (kelí significativo).
La frase “cuando él pasaba por
allí, él se volvía a ella para comer” indica que este era un hábito
regular. Literalmente, el relato muestra hospitalidad (Hanasat Orjim),
reconocimiento del Naví y una relación estable entre él y una familia
propia de la cultura judía.
El acto repetido de invitar al Naví a
comer sugiere una fluida relación humana infundida de virtud, tal como
lo vemos en la Prasha Vayerá con Abraham Avinu en su cualidad de
hospitalidad (Hanasat Orjim) (haknasat orjim), el Naví no solo es
visitante casual, sino que encuentra casa (recipiente) en su hogar. La
hospitalidad (Hanasat Orjim) como virtud central, la mujer de Shunem
anticipa la llegada del Naví, le ofrece comida y hogar continuamente,
incluso antes de recibir una promesa de hijo. Esto enseña que el
servicio al Naví (o al Ish Elohim) es mérito en sí mismo. La iniciativa
de la mujer muestra fe activa y visión, ella no espera la intervención,
sino reconoce la santidad del otro y se mueve para cooperar. Esto puede
utilizarse como lección para la comunidad, ver el Naví, ver la palabra
del Eterno, y responder con generosidad.
También hay un elemento
de reciprocidad, cuando se reconoce al Naví y se le honra, la bendición
vendrá (como se desarrolla en los pasajes posteriores). Así el verso
desplaza la atención hacia la ética de la acción más que al Nés
propiamente dicho.
A su vez este verso inicia la segunda gran
parte del capítulo (v.8-37) que narra el reconocimiento de la mujer
hacia el Naví, su iniciativa de construir habitación para él, su promesa
de hijo y los sucesos posteriores. Lo que notamos es que ella no pide
nada al inicio, sino que ella reconoce la santidad de Elishá y actúa.
Los
sabios del midrash comparan a la mujer con Sara Imenu, quien también
recibió a visitantes sagrados. La hospitalidad (Hanasat Orjim) abre la
puerta a las marivllas del Eterno. El Talmud (Berajot 10a): Enseña que
recibir a los sabios es como recibir la Shejiná. La mujer de Shunem, al
invitar a Elishá, se conecta con la presencia divina. La halajá muestra
que la hospitalidad (Hanasat Orjim) hacia los sabios es una mitzvá
elevada. Este pasaje se usa para ilustrar la importancia de honrar a los
talmidei jajamim.
Esto muestra más que una escena de hospitalidad (Hanasat Orjim), es una revelación de cómo lo habitual puede volverse sagrado.
9. “He aquí, sé que este es un Ish Elohim, santo, que pasa por nosotros continuamente.”
En
este verso, la mujer de Shunem revela una comprensión profunda: “He
aquí, sé que este es un Ish Elohim, santo, que pasa por nosotros
continuamente.” No hay maravilla ni señal; sólo la intuición nacida de
la observación cotidiana.
Talmud (Berajot 10b): Enseña que los
sabios son reconocidos por su modestia y conducta. La mujer no necesitó
señales externas para identificar a Elishá como un Naví.
El texto
celebra su discernimiento, la santidad se reconoce en la modestia, la
constancia y la pureza del comportamiento, el mensaje ético es claro,
quien reconoce lo santo en su entorno y honra al justo se convierte en
partícipe de la bendición divina.
Midrash Rabá (Bereshit Rabá
58:2): Compara a la mujer de Shunem con Abraham, quien también reconoció
la santidad en los visitantes. Ambos actuaron sin esperar actos
portentosos, solo por intuición almática.
Rav Kook ve en la
intuición de la mujer de Shunem una chispa de profecía femenina, ella
reconoce lo sagrado no por intelecto, sino por la pureza de su alma. El
verso expresa el principio judío de que lo divino se manifiesta en lo
humano, la santidad se percibe en el carácter moral, no en lo
sobrenatural.
En el contexto este reconocimiento es el punto de
inflexión, del encuentro nace la habitación, del alojamiento la
bendición, y de la bendición la vida que será restaurada. Así, el verso
enseña que ver la santidad en quien “pasa por nosotros siempre” es abrir
las puertas a la presencia del Eterno en lo cotidiano, este
reconocimiento es el primer paso hacia la transformación de su hogar en
un espacio de actos portentosos. Su visión espiritual es el catalizador
de la bendición.
En la Halajá este pasaje se usa para ilustrar la
importancia de honrar a los sabios y de confiar en el juicio espiritual
de las mujeres, quienes a menudo perciben lo sagrado antes que los
hombres (ver Meguilá 14b sobre la intuición de las matriarcas).
10.
“Construyamos una pequeña habitación superior cerrada
coloquemos allí una cama, una mesa, una silla y un candelabro para él,
para que pueda detenerse allí siempre que venga a vernos”.
la
tradición rabínica eleva la hospitalidad (Hanasat Orjim) a un valor
espiritual extremo (p. ej. “la hospitalidad (Hanasat Orjim) es mayor que
recibir la Shejiná”), ejemplificado por Avraham — enseñanza talmúdica
que los comentaristas aplican a episodios donde la casa humana recibe lo
divino. El gesto de la shunamita puede leerse como crear un “templo en
nuestro hogar” para la presencia Divina (nevúa). Asi entendemos la
supremacía ética de la hospitalidad (Hanasat Orjim) es “mayor” que el
recibir la Shejiná — marco para valorar la iniciativa de la Shunamita.
(Talmud, Shabat 127a).
El Malbim ven el cuarto preparado como un
Mikdash katan, los muebles y lámpara remiten a orden ritual (mesa y
candelabro evocan servicios domésticos en el servicio). La “alita”
(עליה) sugiere además intimidad de la nevúa — lugar donde la revelación
puede “descansar”
Talmud (Berajot 10b): Enseña que quien honra a
los sabios honra a la Shejiná. El aposento es un acto de reverencia que
transforma el hogar en lugar de bendición.
El relato enseña que
la iniciativa ética (hacer el espacio para el otro) es causa de
bendición, la comunidad nace del compromiso ético individual, aquí se
usa el detalle del “mobiliario” para insistir en la atención a la
comodidad y dignidad del huésped — la hospitalidad (Hanasat Orjim)
cuidada es imitación de la conducta divina.
Este pasaje de
acuerdo a la halajá se usa para ilustrar la obligación de honrar a los
sabios con dignidad, se asocian con la creación de espacios adecuados
para la práctica y la plegaria, consolidando que habitar en un lugar
preparado contribuye al cumplimiento de mitzvot y al establecimiento de
santidad en el hogar.
Midrash Rabá (Bereshit Rabá 48:10): Compara
el aposento con el mishkán (tabernáculo). La mujer crea un espacio
sagrado donde la presencia divina puede manifestarse.
“La
‘pequeña cámara sobre la pared’ no es mero aposento: es el ‘altar’
doméstico que la mujer prepara para la llegada de la Shejiná en la faz
del Naví. Al edificar ese cuarto —cama para el descanso del viajero,
mesa para la palabra, silla para el juicio, lámpara para la claridad—
ella organiza las cuatro facultades humanas (reposo, palabra, juicio y
luz) de modo que la santidad pueda anidar. Así la casa se vuelve
microcosmos mesiánico: el Ish Elohim entra y la presencia divina,
invitada por la ética del anfitrión, obra la fecundidad y la vida.”
(basado en el Malbim y el Zohar)
11. Un día llegó allí; se retiró a la cámara superior y se acostó allí.
Rashi
en este verso indica que él comenzó a usar ese lugar para reposar,
mostrando su aceptación de la hospitalidad (Hanasat Orjim). Ibn Ezra
remarca que este pasaje describe un momento cotidiano, pero cargado de
significado espiritual pues aquí comienza la interacción que lleva a la
revelación.
Midrash Rabá (Bereshit Rabá 48:10): Compara el aposento con el mishkán. Elishá, al entrar, consagra el espacio con su presencia.
El
Ramban Najmanides, comenta que este acto de descansar en el aposento
alto no es solo físico sino también simbólico, indicando que el Naví se
prepara para recibir la revelación y la bendición al reconocer y habitar
en un lugar santificado. En el Talmud y Midrash se ve esta escena como
un ejemplo de la importancia del espacio santo para la comunión con el
Eterno y el fortalecimiento espiritual, reforzando la hospitalidad
(Hanasat Orjim) como un medio para acercarse a lo divino.
Talmud
(Berajot 10b): Enseña que el descanso del sabio es parte de su servicio.
Elishá no se retira por comodidad, sino para renovar su fuerza
espiritual.
Este pasaje desde un punto de vista halájico se usa
para ilustrar que el descanso es parte del equilibrio almática. La
hospitalidad (Hanasat Orjim) incluye permitir al huésped privacidad y
reposo.
Los comentaristas modernos destacan la importancia del
"hábitat espiritual" que se crea cuando se prepara un espacio para la
presencia divina y la Nevúa. Aquí precisamente se puede ver este acto
como una invitación a crear en la vida cotidiana lugares donde el alma
pueda descansar y estar abierta a la revelación espiritual.
12. Dijo a su criado Guejazí: «Llama a esa Shunamit». La llamó, y ella se presentó ante él.
Elishá,
que siempre viaja, reconoce en la Shunamita no sólo a una anfitriona
sino a una constructora de espacio espiritual. Por eso, el llamado (“קרא
לשונמית”) representa el llamado de la profecía al mérito, en este punto
es que se transforma el gesto cotidiano en símbolo de diálogo entre el
mérito humano y la respuesta divina.
Midrash Rabá (Bereshit Rabá
48:10): Compara el llamado de Elishá con el llamado del Eterno a los
patriarcas. La mujer es llamada porque está lista para recibir
bendición.
Talmud (Sanedrín 11a): Enseña que los Neviim usan
intermediarios para enseñar respeto y estructura. Guejazí representa el
canal humano entre lo divino y lo cotidiano.
En la halajá el
Rambam, Hiljot De’ot 6:4, enseña que la cortesía y el respeto son
mitzvot que reflejan derej eretz. El trato respetuoso de Elishá (a
través de Guejazi) refleja esa conducta ética. Este pasaje se usa para
ilustrar la importancia del respeto en la comunicación, especialmente
entre hombres y mujeres en contextos religiosos, es sabido en halajá del
recato tzniut (modestia) justifican que el Naví no hable directamente a
la mujer, el acto refleja la observancia de pureza moral incluso en
niveles elevados.
Este pasaje marca el inicio de la interacción
directa entre Elishá y la mujer de Shunem. El llamado a través de
Guejazí, alude a la preparación del alma, lo cual enseña sobre el
respeto y la estructura en la comunicación de la Nevúa, que revela una
activación espiritual que prepara el terreno para el Nés (acto de
poder).
Como dijimos antes, la llamada del Naví no es sólo una
invitación verbal: es una emanación de luz, respuesta espiritual al acto
de bondad previo. El “delante de él” representa la revelación del alma
ante la nevúa.
La mujer responde al llamado con disposición, lo
que la convierte en receptáculo de bendición, Este momento es el umbral
entre la hospitalidad (Hanasat Orjim) y la revelación.
13.
Él le dijo: «Dile: “Te has tomado tantas molestias por
nosotros. ¿Qué podemos hacer por ti? ¿Podemos interceder por ti ante el
rey o ante el comandante del ejército?”». Ella respondió: «Vivo entre mi
gente».
Para el Malbim, que Elishá mande a llamar mediante
Guejazí sugiere la estructura de mediación habitual en la tradición de
la nevuá, la comunicación por Nevúa puede pasar por intermediarios (Naví
→ siervo → oyente). Esto conecta con la idea de causas intermedias en
la transmisión de revelación. el acto de llamar a la mujer funciona como
inicio de la reciprocidad narrativa: su hospitalidad (Hanasat Orjim)
—previamente establecida— produce ahora la respuesta de la nevuá, que
culminará con la promesa de un hijo. La escena simboliza la reacción de
lo divino ante el mérito humano.
El Radak destaca que Elishá
reconoce el esfuerzo de la mujer y desea recompensarla. Su oferta de
interceder ante el rey o el ejército muestra su influencia, pero también
su deseo de devolver el favor. Midrash Rabá (Bereshit Rabá 48:10)
Compara la actitud de la mujer con la de los patriarcas, quienes también
actuaban sin esperar recompensa. Su respuesta es modelo de fe y
modestia.
Tambien el Malbim comenta que Elishá ofrece ayuda
política o militar, pero la mujer rechaza cualquier privilegio,
mostrando que su servicio fue desinteresado. A lo que el Ibn Ezra,
subraya que la respuesta “yo habito entre mi pueblo” implica que ella
está satisfecha con su vida y que su atención no busca reconocimientos
ni favores a cambio. Talmud (Sotá 14ª) Enseña que quien actúa con bondad
sin esperar recompensa imita al Eterno. La mujer de Shunem se convierte
en ejemplo de Jesed Shel Emet (bondad verdadera).
El verso
Melaim Bet 4:13 ocupa un lugar clave en la narrativa al evidenciar la
relación entre mérito, mediación (en la nevúa) y respuesta divina.
Elishá reconoce la fe y hospitalidad (Hanasat Orjim) de la mujer de
Shunem y le ofrece ayuda concreta, representando la disponibilidad
divina para actuar en favor del justo. Literalmente, es un ofrecimiento
de ayuda práctica; alegóricamente, simboliza la interacción espiritual
entre el Eterno y el alma humana fiel; los sabios nos explican que en
este punto se prepara el camino para la manifestación de actos
portentosos; y en un nivel más profundo se muestra la apertura de
canales de luz activados por el mérito.
Halájicamente la
observancia, refleja la importancia de la atención al mérito y la
justicia en la vida de Servicio hacia el Boré Olam. Por lo cual este
pasaje se usa para ilustrar que la hospitalidad (Hanasat Orjim) debe ser
ofrecida sin cálculo de beneficio. La mujer cumple con esta mitzvá en
su forma más elevada.
Este es el omento preciso donde se prepara
el terreno para el Nés (acto de poder) del nacimiento del hijo, que será
dado sin que ella lo pida. Su humildad activa la bendición divina.
En
su contexto este pasaje enseña que el mérito y la bondad activan
mecanismos divinos de bendición, y que el papel del Naví es el de
intermediario que reconoce y potencializa estos méritos para la
revelación y manifestación de la santidad en el mundo.
14.
“¿Qué se puede hacer entonces por ella?”, preguntó. “Lo
cierto es”, dijo Guejazí, “que no tiene hijo y su marido es anciano”.
Elishá
pregunta qué puede hacerse por la Shunammita, lo que demuestra que el
respeto y la hospitalidad (Hanasat Orjim) son reconocidas como acciones
que deben ser reconocidas en manera de gartitud. La declaración de
Guejazí destacando la ausencia de hijo y la avanzada edad del esposo
representa el punto de partida del Nés (acto de poder) por venir, la
mención de la esterilidad y la vejez del marido explica la necesidad
social, la función del hijo en la continuidad familiar. Literalmente
describe el dolor y la ausencia de descendencia en la familia de la
mujer de Shunem. Alegóricamente, simboliza un estado de desolación y
ausencia de vida espiritual que será transformado. El verso es ideal
para un brevísimo diagnóstico que conduce a una gran promesa, lo cual
indica la llamada al reconocimiento de la necesidad humana y divina.
Según
Malbim y Radak, el estado de "no tener hijo" y "marido anciano" puede
simbolizar la ausencia de vida espiritual y el estado de desolación del
alma o del pueblo, que a pesar de la sequía espiritual, el Eterno está
por traer renovación y vida, manifestada luego en el nacimiento del
hijo.
La Haftará nos enseña que, en medio de la incapacidad de
obtener vida, la fe y la intervención de la Nevúaabren caminos para la
vida y la renovación divina, llevando a la manifestación de actos
portentosos que pueden transformar la realidad humana. El motivo de un
nacimiento sobrenatural enlaza literariamente con la tradición del Tanaj
de nacimientos providenciales (Sara, Rajel, Hana), lo que coloca la
historia de la mujer de Shunem dentro de la matriz temática de
restauración y continuidad de la familia del pueblo.
El pasaje
por sí mismo exibe que la hospitalidad (Hanasat Orjim) engendra gracia,
la responsabilidad del Naví frente a la comunidad y la virtud de la
mujer que no exige, sino que actúa.
Midrash Rabá sobre este
pasaje destaca la virtud de la mujer que no pidió recompensa, lo que la
hace merecedora de una bendición mayor.
Talmud Berajot 10a, discute cómo los méritos pueden traer actos portentosos incluso sin petición explícita.
El
verso actúa como un nodo que conecta lo literal (una mujer sin hijos)
con lo simbólico (restauración, tikkun), lo ético (recompensa a la
hospitalidad (Hanasat Orjim)) y lo (la profecía como medio real de
intervención divina).
Pensadores como Rav Kook ofrecen un enfoque
general sobre la profecía como canal de renovación espiritual que puede
aplicarse aquí, aunque no expresa un comentario puntual sobre este
pasaje, sin embargo, el enseña en términos misticos como se desarrolla
el patron del tikun “carencia → intervención → restauración. Rab Kook
interpreta que el hecho de mencionar explícitamente la muerte y
esterilidad resalta el ocultamiento de la luz divina, un estado
necesario donde la luz y la vida espiritual pueden manifestarse con
mayor fuerza cuando se revela el Nés (acto de poder).
La Halajá
señala la importancia de la continuidad familiar y la bendición en la
descendencia, y este pasaje refleja la intervención divina para
restituir ese ciclo natural. Reconoce el valor espiritual en la
mitigación del sufrimiento y en la restauración a través del Naví.
15. Llámala —dijo. La llamó, y ella se quedó en la puerta.
Rashi
comenta que Elishá manda llamar a la mujer de Shunem para revelarle la
bendición que vendrá, es un momento de anuncio profético y de
confirmación de la relación con ella. Ibn Ezra explica que esta llamada
indica una invitación formal a tomar parte en el plan divino. El Malbim
destaca que el detalle de que ella se "parara a la puerta" muestra
respeto y humildad, indicando su disposición y reverencia ante la nevúa.
Radak
interpreta la llamada como el momento espiritual en que la revelación
se hace accesible, representando el despertar del alma ante la esperanza
y la bendición. La puerta representa el umbral entre la experiencia
común y la magia divina que está por revelarse.
El Ramban señala
que la llamada es una oportunidad para que la mujer reciba la promesa
del hijo, indicando que la fe y la hospitalidad (Hanasat Orjim) abren
canales para la gracia divina. El Talmud ve en este acto la importancia
de la comunicación entre la santidad (Naví) y el mundo humano (la
mujer), resaltando la humildad y la reverencia. El Rab Hirsch refleja
que pararse en la puerta es signo de espera activa y respeto, un símbolo
de apertura para la bendición.
la llamada de Elishá a la mujer
de Shunem es el inicio formal de la revelación de la bendición y la
confirmación del papel profético. Literalmente, es el acto por el cual
la mujer es convocada a recibir la promesa divina; alegóricamente,
representa la apertura espiritual ante la esperanza; simboliza la
comunicación y relación reverente entre santidad y humanidad;
cabalísticamente, es la apertura del canal que une el mundo visible con
el invisible; y desde la Halajá, confirma la dignidad de la mujer y la
importancia de legitimar la recepción de la bendición divina.
Este
verso marca el momento de paso entre la espera y la certeza de la
bendición, destacando la preparación interior y la relevancia de la fe
activa para recibir actos portentosos, mensaje valioso en el contexto de
la Haftará.
16. Y Elishá le dijo: «El año que
viene por estas fechas estarás abrazando a un hijo». Ella respondió:
«Por favor, mi señor, enviado del Eterno, no engañes a tu sierva».
Aquí,
se destaca la generosidad divina que supera las expectativas humanas.
Elishá promete a la mujer de Shunem un hijo a pesar de su esterilidad,
mostrando el Nés (acto de poder) como una manifestación de la
providencia del Eterno más allá de lo pedido o esperado. El Radak
subraya la fe en la bendición que supera la barrera natural de la edad o
esterilidad, manifestando la intervención divina directa para cumplir
promesas. También Rashi destaca que el hijo prometido es un signo
tangible de la bendición por la hospitalidad (Hanasat Orjim) de la
mujer, enfatiza la conexión entre la palabra de Elishá y la garantía
divina que está implícita detrás del mensaje, fundamentando la esperanza
de la mujer. Sin embargo, explica que la mujer de Shunem no podía
creer una promesa tan sobrenatural, por lo que su respuesta refleja
temor a la decepción.
Para el Malbim, este pasaje enfoca la
relación espiritual entre el Naví y la mujer de Shunem, donde la
transmisión del mensaje de vida es también un llamado a la esperanza y
renovación espiritual, incluso en circunstancias aparentemente
imposibles, indica también el Malbim que la mujer no pidió el Nés (acto
de poder), y por eso teme que sea una ilusión. Su negación no es falta
de fe, sino una defensa emocional.
Midrash Rabá compara a la
mujer con Sara, Rebeca y Rajel, todas ellas estériles hasta que el
Eterno intervino. El Midrash elogia su modestia y su temor a la
esperanza.
Talmud Shabat 32a enseña que la bendición de los
justos no es en vano, y que incluso si el destinatario duda, el decreto
divino se cumple.
Ibn Ezra: Se enfoca en las condiciones
históricas y lingüísticas, interpretando la frase de Elishá como un
anuncio de que la bendición hará que la mujer dé a luz a un hijo,
considerando que esto también es una señal de la restauración del pueblo
judío en circunstancias difíciles.
El Radak señala que la
expresión “por este tiempo” alude a un ciclo natural, como en el caso de
Sara (Bereshit 18:10), reforzando el paralelismo entre ambas historias.
El
pasaje Melaim Bet 4:16 se presenta como una manifestación integral del
poder divino expresado a través del Naví Elishá, quien promete un hijo a
la mujer de Shunem estéril, subrayando así la generosidad divina que
trasciende las limitaciones humanas. Es verdad que el texto narra un Nés
tangible, pero también se revela un mensaje más profundo de esperanza,
recompensa por la hospitalidad (Hanasat Orjim) y fe, y una enseñanza
ética sobre la confianza en el Eterno. Profundizando aún más, simboliza
un renacimiento espiritual y una manifestación del flujo divino que trae
vida y renovación.
Esto nos invita a la congregación a reconocer
que la redención (o la restauración) tiene su “tiempo señalado”, que la
persona humana debe colocarse en actitud de receptividad, y que el Naví
(o la voz del Eterno) convoca primero, luego la persona responde y
finalmente la bendición se realiza. El mensaje es claro para la vida
comunitaria judía, cuando hacemos “Jesed”, cuando escuchamos la voz de
la nevúa, y cuando aceptamos la promesa con humildad, entramos en el
“mo’ed” el tiempo señalado de la bendición. Este verso, por lo tanto, es
pequeño en volumen, pero rico en significación, enseña que la promesa
divina se articula en una temporalidad, en una mediación, en una
respuesta y en una transformación.
Este es el mensaje que
resuena, donde la redención y el restablecimiento del pueblo de Israel
se evidencian en promesas personales y colectivas de bendición,
reforzando la idea de que la fe activa y la conexión con el Naví y
HaShem pueden superar cualquier adversidad, y es precisamente este punto
algo muy relevante para el pueblo judío.
17. La mujer concibió y dio a luz un hijo en la misma época del año siguiente, tal como Elishá le había asegurado.
Lección
de fe y paciencia: la mujer espera la promesa, la promesa se cumple en
su “môʿed”. La fidelidad del del Eterno a través del Naví y la respuesta
humana de la mujer generan el Nés (acto de poder). Esto enseña que la
promesa del Eterno es confiable, incluso cuando humanamente parece
improbable (edad avanzada, esterilidad).
Ibn Ezra conecta este
verso con el nacimiento de Isaac (Bereshit 21:2), donde también se
cumple una promesa divina en tiempo señalado.
Rab Hirsch ve en el
cumplimiento exacto una lección sobre la fidelidad divina: lo que se
promete desde lo alto se cumple sin desvío.
Ramban interpreta que el tiempo señalado no es casual, sino parte de un ciclo espiritual que se activa por el mérito y la fe.
Lección
de esperanza: “vivirás” es parte de la promesa —esto nos enseña que
para experimentar la bendición, es necesario estar vivos, activos,
presentes, con voluntad de acoger.
Un aprendizaje importante, la
mujer de Shunem no queda como receptor pasivo, sino que participa en la
promesa. Su acción previa (hospedaje al Naví) tiene su correlato en la
realización divina. Así se subraya que la obra de bondad (hesed) genera
respuesta divina concreta.
Jonathan Sacks z”l ve en este verso
una enseñanza sobre la fidelidad divina, incluso cuando el ser humano
duda, el Eterno cumple.
Melaim Bet 4:17 es el clímax de una
secuencia de fe, humildad y revelación. La mujer de Shunem, sin pedir
nada, recibe una bendición que transforma su vida. El cumplimiento
exacto del anuncio profético valida la conexión entre el mundo
espiritual y el físico. En el contexto de la Haftará, este verso
refuerza el tema de la recompensa divina por la bondad silenciosa, y la
capacidad de lo sagrado para irrumpir en lo cotidiano. El hijo es más
que un niño: es símbolo de renovación, esperanza y continuidad
espiritual.
18. El niño creció. Un día, salió a ver a su padre, que estaba entre los segadores.
El
texto, acentúa la manifestación concreta y visible del Nés (acto de
poder) anteriormente profetizado, enfatizando la vida que emerge y crece
en normalidad y bendición. El crecimiento del niño simboliza la
plasmación de la promesa divina concreta en el tiempo, que se refleja en
la vida cotidiana y es base para la continuidad del pueblo.
Rav
Samson Raphael Hirsch interpreta que el verso expresa una transición
educativa: “Hasta aquí, el niño estaba bajo el cuidado de su madre,
símbolo del hogar y la fe; ahora sale al campo, al mundo del trabajo,
del padre. Esta separación entre lo espiritual y lo material será la que
traerá la crisis, y luego la reunificación.”
El Midrash Rabá
(Kohelet Rabá 3:15) dice: “Todo lo que hace el Santo, bendito sea, lo
hace con propósito completo. Cuando promete, cumple con perfección.”
La historia del hijo de la mujer de Shunem es citada como ejemplo: Hashem no da bendición a medias.
Primero concedió el nacimiento; luego, aseguró que el niño creciera y se desarrollara.
Pero
el Midrash también enseña que toda bendición es probada: “Así como
Abraham fue probado en su hijo, también esta mujer fue probada en su
hijo.”
El propósito no era castigar, sino manifestar la profundidad de su fe y el poder restaurador del tzadik (Elishá).
Rab
Hirsch que el verso expresa una transición educativa: “Hasta aquí, el
niño estaba bajo el cuidado de su madre, símbolo del hogar y la fe;
ahora sale al campo, al mundo del trabajo, del padre. Esta separación
entre lo espiritual y lo material será la que traerá la crisis, y luego
la reunificación.”
El crecimiento del niño simboliza el
crecimiento de la nación: cuando Israel se aleja del hogar espiritual
(la profecía), se expone al peligro de la “muerte espiritual”, que sólo
puede revertirse mediante el retorno al Naví —es decir, al alma.
El
crecimiento del niño simboliza el crecimiento de la nación: cuando
Israel se aleja del hogar espiritual (la profecía), se expone al peligro
de la “muerte espiritual”, que sólo puede revertirse mediante el
retorno al Naví —es decir, al alma.
19. [De repente] gritó a su padre: “¡Ay, mi cabeza, mi cabeza!”. Él le dijo a un criado: “Llévalo con su madre”.
Es
interesante notar que ante la situación inesperada del sufrimiento de
su muchacho, el padre rápidamente delega al criado que lo lleve con su
madre, esto pone de manifiesto que el nivel de un alma elevada en
conexión con el Eterno viene por la relación de esta mujer shunem, por
lo que el padre actúa adecuadamente, ve en su esposa la mayor capacidad
de sobrellevar esta situación, por la conexión que ella tiene con el
Eterno. El verso, aunque breve, condensa una tensión entre lo físico y
lo espiritual, lo masculino y lo femenino, lo cotidiano y el poder del
Eterno para tranformar las leyes naturales. En su contexto de esta
Haftará (relacionada con la historia de la mujer de Shunem), se
convierte en un preludio al Nés, mostrando que la fe activa, realizada
en la madre, es el canal por el cual la vida puede ser restaurada.
Desde
la Halaja, la obligación de cuidar la salud es central (Shulján Aruj,
Oraj Jaim 328). El padre debió haber actuado con mayor responsabilidad,
lo cual enfatiza la importancia de cuidar a los enfermos y mostrar
compasión hacia aquellos que sufren. En este sentido, el texto puede ser
visto como una lección sobre la importancia de la empatía y la
compasión en nuestras relaciones con los demás.
20. Lo alzó y lo llevó a su madre. Y el niño se sentó en su regazo hasta el mediodía; y murió.
El
relato describe la muerte física del niño, el cuidado de la madre y la
tristeza inmediata. Este momento insinúa la fragilidad humana y la
inminencia de la intervención divina a través de Elishá.
Este
pasaje forma parte del relato mayor de la mujer de Shunem; su función es
ilustrar la súbita tragedia que motiva la intervención divina. La
Haftará sirve para subrayar la interacción entre la santidad del Naví y
las necesidades humanas.
El detalle “hasta el mediodía” y la
imagen del niño sobre las rodillas constituyen recursos de alta carga
emotiva que preparan el marco de la petición y la demostración posterior
de poder profético. Rashi y Malbim ponen énfasis en estos rasgos.
Los
rabínicos vinculan la escena con tradiciones más amplias sobre la
autoridad de la nevúa, la conducta de Guejazí y la relación entre el
mundo humano y la intervención divina. El motivo de la resurrección se
vuelve tipológico: muestra que el Naví es canal de restitución de orden
social y espiritual.
Este episodio enseña responsabilidad social
(hospitalidad (Hanasat Orjim)) y la eficacia de la búsqueda valiente de
ayuda espiritual. La mujer de Shunem ofrece una formalidad,
reconocimiento del Naví → confianza → acción cuando la adversidad llega.
Los rabinos extraen de aquí modelos de conducta y modelos para
establecer la nevúa. (
Rav Alex Israel)
Esto enseña que
incluso los justos sufren; sin embargo, la narrativa muestra que el
sufrimiento puede convertirse en ocasión de revelación divina y fe
renovada. interpreta este verso como un llamado a la esperanza activa,
la confianza en el Eternoy el reconocimiento de que la vida humana es
frágil pero está sostenida por un diseño espiritual mayor. La muerte del
niño es, así, tanto un hecho literal como un símbolo de transición que
marca la puerta a la manifestación sobrenatural y al renacimiento.
21. Ella lo tomó en brazos, lo acostó en el lecho del agente del Eterno, lo dejó allí y cerró la puerta.
La
mujer de Shunem es un modelo de liderazgo espiritual. Su capacidad de
actuar sin desmoronarse, de proteger a su esposo del dolor innecesario, y
de buscar ayuda sin perder la compostura, la convierte en una figura de
sabiduría y fortaleza. Como señala Nechama Leibowitz, su silencio no es
pasividad, sino una forma de canalizar la energía hacia la acción
redentora.
La madre no se entrega al duelo ni se paraliza por la
tragedia. En lugar de llorar o anunciar la muerte de su hijo, actúa con
determinación: lo coloca en la cama del Naví, cierra la puerta y se
prepara para buscar ayuda. Su silencio no es negación, sino una forma de
preservar la esperanza. Como enseñan los comentaristas (Malbim, Radak),
su conducta es una expresión de emuná (fe) profunda y madura.
Este
episodio enseña que la verdadera fe no siempre se expresa con palabras,
sino con actos silenciosos y decididos. La mujer de Shunem nos muestra
cómo transformar el dolor en acción, la desesperación en esperanza, y la
muerte en preludio de redención. Su ejemplo resuena a través de las
generaciones como un modelo de emuná, liderazgo espiritual y conexión
con lo divino.
22. Entonces ella llamó a su marido:
“Por favor, envíame a uno de los criados y a una de las burras, para que
pueda ir rápidamente al mensajero del Eterno y volver”.
Según el
Tze’enah Ure'ena dice: “Lo tomó y lo acostó en la cama, etc.” La madre
tomó a su hijo muerto y lo acostó en la cama en la habitación de Elishá.
Llamó a su esposo y le dijo: “Dame un joven y un asno. Iré corriendo a
ver al Naví y volveré pronto”. Lo interesante es que No le dijo que el
niño había muerto.
Para Rashí, “Ella ocultó el hecho para no angustiarlo, pues su fe era firme en que el Naví restauraría al niño.”
El
Radak ve en esta actitud un acto de prudencia psicológica, ella sabía
que su esposo no comprendería la magnitud espiritual de la situación ni
compartiría su fe en la capacidad del Naví Elishá para revivir al niño; y
enfatiza que la mujer actuó con rapidez y decisión. Si perdía tiempo
explicando y lamentando, se retrasaría en su propósito. “Ella no quiso
detenerse en explicaciones ni lamentos, pues su pensamiento estaba en la
acción inmediata.”
El Malbim profundiza el aspecto espiritual,
“Ella entendía que la palabra del Naví provenía de la Fuente de la vida.
Por eso no consideró que su hijo estuviera ‘muerto’, sino en estado de
suspensión de vida hasta que la palabra del Naví lo devolviera.” Por
tanto, no habló de ‘muerte’, porque en su conciencia, la muerte no era
definitiva; ella ya estaba viviendo desde la certeza del Nés.
El
Ibn Ezra es más sobrio: sostiene que la mujer temía que su esposo se
opusiera a que ella viajara sola o que pensara que era inútil ir al Naví
si el niño ya estaba muerto.
Por eso, prefirió no decirle nada, para poder actuar libremente.
En
la tradición judía, nombrar algo es darle existencia (Bereshit Rabá
17:4). Al no pronunciar la palabra “muerto”, la mujer de Shunem no selló
el decreto; mantuvo abierta la posibilidad de la vida.
Por eso, en el Talmud Berajot 19a, se enseña: “Nunca pronuncies palabras de mal augurio de tu boca.”
El
Midrash Rabá (Bereshit Rabá 53:3) la compara con Sara y Abraham: “Así
como Sara creyó en la palabra del Eterno antes de ver el cumplimiento,
también esta mujer creyó sin dudar.”
El Talmud (Pesajim 50a) dice: “El que confía en el Santo, bendito sea, no será confundido, ni siquiera en el momento del dolor.”
El
silencio de la mujer de Shunem es, entonces, un acto de bitajón
(confianza), ella no esconde la verdad por miedo, sino por fe. Su
silencio es una forma de tefilá (oración activa).
Rab Hirsch
explica que, “Ella enseña que la verdadera emuná no consiste en aceptar
el Nés después de verlo, sino en obrar como si ya hubiese ocurrido.”
El
Rambam, en Guía de los Perplejos III:24, enseña que el sabio verdadero
actúa con calma, sin agitación emocional, porque su conocimiento del
Eterno le otorga certeza.
La mujer de Shunem es ejemplo de emuná
metzuyenet —una fe intelectual activa—: ella sabe qué hacer, y lo hace
sin dejarse dominar por la desesperación.
23. Pero él dijo: «¿Por qué vas a verlo hoy? No es ni luna nueva ni sábado». Ella respondió: «Shalom».
Su
esposo le preguntó: “¿Por qué vas a verlo? No es sábado ni luna nueva”.
Es decir, de aquí aprendemos que la gente acudía al rabino o al Naví en
sábado y luna nueva. La mujer le respondió a su esposo: “Está bien”. Es
decir, no quería contarle lo del niño y por eso iba a ver al Naví.
El
comentario que extraes —“de aquí aprendemos que la gente acudía al Naví
en sábado y luna nueva”— proviene del Talmud (ver Rosh Hashaná 16b y
Shabat 10b), y revela una práctica antigua: los días sagrados eran
momentos propicios para buscar guía espiritual. El esposo se sorprende
porque no es uno de esos días, lo que implica que era costumbre acudir
al Naví en esos momentos, como se acude al rabino en Shabat o Rosh
Jodesh.
En los libros de los Neviim, se menciona que en shabat
solían visitar a los Neviim, y especialmente subían al Beit Ha Mikdash (
Melaim Bet 4:23 ; Ieshayahu 60 :3 ). Además, se reunían y celebraban en
grupo: «En la Rosh Jodesh y en el Shabat, leeré la ley: No comeré mal, y
la guardaré» (Ieshayahu 1:13). No se especifica si la asamblea se
celebró en El Mikdash o en las ciudades de Israel, o quizás en los
templos locales y sobre las plataformas donde se escribió el Tanak. La
expresión «leer la ley» se interpretó en los escritos de los Sabios como
una instrucción para leer la Torá. Esta es una forma de expresión
típica al final del período del Segundo Beit Mikdash, cuando el estudio
de la Torá se convirtió en un valor fundamental en la sociedad judía y
en los diferntes partidos del judaísmo. Sin embargo, es difícil
determinar su significado en tiempos del Tanak; es posible que la Torá
también se leyera en la antigüedad, aunque no con la estructura común en
el período del Segundo Mikdash.
En el contexto de nuestro texto,
esto también sugiere que el Naví no era solo un hacedor de actos
portentosos, sino un maestro y guía regular, accesible al pueblo en
momentos de reflexión y renovación espiritual.
Orto punto
importante a resaltar, es como termina la Haftará en la tradición
Sefardí en relación a la tradición asquenazí, donde la Haftará combrende
Melaim Bet 4:1–37; se selecciona por su conexión temática con el
nacimiento sobrenatural del hijo de la mujer de Shunem, paralelo al
nacimiento sobrenatural de Itzjak (Isaac) en la parashá Vayerá (Bereshit
18).
Por tanto, los asquenazíes leen toda la historia, hasta la resurrección, enfatizando la intervención divina completa.
En
cambio, en la tradición sefardí, la Haftará suele ser más breve y
termina en el pasaje 23, justo antes de que el Nés (acto de poder)
ocurra. Esta diferencia no es casual ni práctica solamente (por la
duración de la lectura), sino que refleja un principio fundamental. El
pasaje 4:23 muestra a la mujer de Shunem frente a una crisis —su hijo
muerto—, pero no revela su desesperación ante su esposo. Ella responde
simplemente “Shalom”, lo que los comentaristas (Rashi, Malbim, Radak,
Abarbanel) interpretan como: “Confía plenamente en que todo estará bien,
incluso antes de que el Nés ocurra.”
Según el Malbim, esta
respuesta no es mera cortesía, sino una declaración de fe en nevúa. La
mujer sabía que “las palabras del Naví son la prolongación de la palabra
divina”, y por tanto su misión era mantener la calma y la confianza
hasta que se manifestara la salvación.
Maimónides, Guía de los
Perplejos, II:36, el Nés no es el fin sino el medio para afirmar la
confianza racional y espiritual en el Eterno.
El verdadero ideal,
según el Rambam, es mantener la fe sin necesidad de ver actos
portentosos, pues el sabio ama y confía en el Eterno“por lo que Él es,
no por lo que hace”.
Por eso los sefardíes detienen aquí la Haftará, la enseñanza espiritual está completa.
No hace falta leer el Nés el mensaje es la fe inquebrantable que lo provoca.
En
la lectura de Shabat, se evita terminar con un tono de tragedia o de
tensión, pero también se procura no repetir la narrativa completa si el
mensaje esencial ya fue expresado.
El pasaje 23 culmina con una expresión positiva y de esperanza (“Shalom”).
Por
eso, en la costumbre sefardí —más orientada al equilibrio espiritual
del oyente durante la tefilá— se considera que terminar en Shalom
encierra la bendición misma del Shabat.
V. CONCLUSIÓN.
Tanto
la Parasha y la Haftára, muestran los modelos no solo de lo que
representa el valor de una mujer en el hogar judío, sino tambien la
fuerza almatica que se manifiesta entre las madres de ISrael, y en este
contexto tanto la Parasha Vayera como la Haftara lo establecen
claramente:
Ambas mujeres, la viuda y la mujer de Shunem actúan con determinación y confianza, sin esperar pasivamente la salvación.
La
viuda sigue las instrucciones de Elishá sin cuestionar, y la shunamit
busca al Naví con resolución tras la muerte de su hijo.
Esto enseña que la emuná y el bitajón no es solo creencia, sino acción decidida en momentos de crisis.
Las
intervenciones del Eterno en el Nés del aceite parte de un objeto
común: un frasco de aceite. La promesa del hijo surge en el contexto de
la hospitalidad (Hanasat Orjim).
Las acciones sobrenaturales no
irrumpe como espectáculo, sino que se también se revela en lo íntimo, lo
doméstico, lo aparentemente cotidiano e insignificante.
La
shunamit ofrece alojamiento sin esperar recompensa. Su generosidad es
respondida con el don de la vida, lo cual refleja el principio de
gemilut jasadim (actos de bondad), donde el bien hecho al otro se
convierte en canal de bendición.
Elishá no actúa como mago ni
como figura distante, sino como servidor del Eterno que responde al
sufrimiento humano. Su rol recuerda el papel de los tzadikim en la
tradición judía: intermediarios que elevan la plegaria y canalizan la
misericordia divina.
Ambas protagonistas son mujeres que
enfrentan pérdida, esterilidad y amenaza. Su respuesta no es
desesperación, sino búsqueda, acción y silencio elocuente. Esto subraya
el poder espiritual de lo femenino en la narrativa del Tanak,
especialmente en contextos de redención.
Sara y la shunamit reciben hijos por intervención divina.
Abraham y la shunamit practican hospitalidad (Hanasat Orjim) radical.
El sacrificio de Isaac y la muerte del hijo shunamit plantean el misterio del sufrimiento y la fe ante lo incomprensible.
La mujer del milagro del aceite representa el primer eco de la Parasha Vayera en la Haftará.
Así
como el Eterno abre el vientre de Sara, también llena las vasijas
vacías de la viuda: ambos actos son manifestaciones del mismo principio
divino —la vida que vence la carencia.
“El Eterno es quien llena
lo vacío, quien hace brotar la vida en lo seco, quien enciende la
lámpara en medio de la noche.” (Midrash Tanjuma, Vayera 6)
Ambas
historias narradas en la Haftará comparten el tema común de una gran
batalla librada por una madre en defensa de su hijo. En un caso, la
madre lucha contra un decreto humano, mientras que en el otro, la madre
sunamita se resiste a un decreto divino que no solo ha sido promulgado,
sino que ya se ha cumplido, ambas luchan como leonas por la vida de sus
hijos.
La Haftará, entonces, no solo complementa la Parashá, la
traduce a un nuevo ámbito de lo cósmico a lo cotidiano, mostrando que el
mismo que promete vida a los patriarcas también sostiene a la viuda y
al huérfano. B” H”.
NOTA ACLARATORIA
El
presente trabajo es el producto de la recopilación de información que
han vertidos pensadores prominentes del pueblo judio con relación a la
Haftará Vayerá, solo hemos armonizados los comentarios para da forma y
contenido al presente trabajo, por lo cual todo el crédito en su
totalidad le corresponde a los que están citados en las fuentes
escriturales del presente artículo.
VI. GLOSARIOS DE TÉRMINOS EN LA HAFTARÁ.
1.
אֱלִישָׁע – Elishá “Él es salvación” ישׁע
(y-sh-a) Profeta sucesor de Eliyahu; realiza milagros de compasión
y provisión. Talmud Sotá 47a; Radak Representa la midat
ha-jesed (bondad divina).
2. אַלְמָנָה – Almana
Viuda א־ל־מ (alám) Mujer desprotegida pero fiel; símbolo de
Israel en aflicción. Sanedrín 39b; Tanjuma Vayera 6
Imagen del alma necesitada que confía en el Eterno.
3.
שֶׁמֶן – Shemen Aceite שמן (sh-m-n) Elemento del
milagro; sustento y símbolo de sabiduría. Zohar Vayera 103a;
Ramban Shemot 27:20 Shefá divino, flujo de Jojmá (sabiduría).
4.
כֵּלִים – Kelim Vasijas כל (k-l) Recipientes del
aceite; aluden al alma abierta a la bendición. Etz Chaim (Arizal)
Recipientes espirituales de la luz divina.
5. גְּבִיָּה –
Geviyá Deuda / reclamo גבא (g-v-a) El
acreedor que amenaza; representa el rigor del juicio. Pirkei
de-Rabí Eliezer 33 Midat ha-din (atributo de justicia).
6.
רוּחַ הַקּוֹדֶשׁ – Ruaj HaKodesh Espíritu Santo /
Inspiración divina רוח (r-u-a-j) Presencia inspiradora que
guía al profeta. Berajot 57a; Rambam Guía III:45
Energía divina que revela la voluntad Del Eterno.
7. נֶפֶשׁ
– Nefesh Alma / vida נפש (n-f-sh) Vida del hijo
de la Shunamita que Elishá restaura. Zohar II 94a Nivel
vital del alma, conexión cuerpo-espíritu.
8. אֱמוּנָה –
Emuná Fe / fidelidad א־מ־נ (a-m-n) Confianza perseverante
ante la adversidad. Sifré Devarim 31 Fidelidad activa, no simple
creencia.
9. חֶסֶד – Jesed Bondad /
misericordia חסד (ch-s-d) Acciones generosas de la viuda y la
Shunamita. Avot 1:2 Pilar del mundo; continuidad del
legado de Abraham.
10. שְׁכִינָה – Shejiná Presencia
divina שכן (sh-k-n) Presencia que reposa en el hogar
preparado para el profeta. Berajot 10b; Zohar Melajim Morada
divina en la pureza y hospitalidad.
11. אוֹר הַתּוֹרָה – Or
HaTorá Luz de la Torá אור (o-r) Simbolizada por el
aceite; la sabiduría que ilumina. Midrash Mishlé 6:23 Luz
espiritual que crece al compartirse.
12. נְבִיאִים – Nevi’im
Profetas נבא (n-b-a) Comunidad de discípulos
proféticos de Elishá. Melajim II 2:15 Voz de la Torá
en la historia.
13. דְּבַר ה’ – Dvar Hashem Palabra
Del Eterno דבר (d-v-r) Fuente de toda acción profética.
Bereshit Rabá 1:1; Rambam Yesodé HaTorá 7:2 Energía
creadora que sostiene la existencia.
14. בִּטָּחוֹן – Bitajón
Confianza בטח (b-t-ch) Tranquilidad ante la
prueba, como la Shunamita. Jovot HaLevavot, Shaar HaBitajón
Seguridad interior nacida de la fe.
15. צְדָקָה –
Tzedaká Justicia caritativa צדק (tz-d-k) Ovadia alimentó
profetas; su viuda es recompensada. Sanedrín 39b Justicia que
atrae compasión divina.
16. נֵס – Nes Milagro
נס (n-s) Multiplicación del aceite y resurrección del hijo.
Ramban Shemot 13:16 Elevación de lo natural hacia lo divino.
17.
מִדַּת הַדִּין / מִדַּת הַחֶסֶד – Midat HaDin / HaJesed
Atributos del juicio y la bondad מדד (m-d-d)
Tensiones entre justicia y misericordia en la narración.
Zohar Bereshit 47a Equilibrio divino entre severidad y gracia.
18.
תִּקְוָה – Tikvá Esperanza קוה (k-v-h)
Persistencia en la fe de las mujeres. Midrash Tehilim 130 Hilo
que conecta el alma con la promesa divina.
19. שָׁלוֹם –
Shalom Paz / plenitud שלם (sh-l-m) Respuesta de la
Shunamita: “Shalom”. Rashi y Metzudat David Aceptación confiada
de la voluntad divina.
20. בֵּית קֹדֶשׁ – Beit Kodesh
Casa santa / cuarto del profeta קדש (k-d-sh) Espacio
preparado para Elishá. Zohar Melajim 12b Morada terrenal
de la Shejiná.
VII. FUENTES
1. Midrash Rabbah. (1983). The Soncino Press. (Midrash Rabbah sobre milagros proféticos y temas de recompensa divina)
2.
Midrash Tanchuma. (2010). (Sección Vayera y Tanchuma Shemot:
omentarios sobre la fe de las mujeres y la continuidad de los milagros
en Elishá)
3. Rashi (Rabí Shlomo Yitzjaqui). (n.d.).
Comentario 2 Reyes 4:1–23. Comentario de Rashi sobre el texto de Elishá y
la viuda, interpretación literal y contextual)
4. Radak (Rabí David Kimjí). (n.d.). (Énfasis en la dimensión moral del milagro y la justicia divina)
5. Abarbanel, I. (1997). Perush Abarbanel Analiza la teología de los milagros de Elishá y su función profética)
6. Malbim (Rabí Meir Leibush ben Yejiel Mijael). (1870).(Comentario detallado filológico y espiritual sobre cada verso)
7. Metzudat David & Metzudat Zion (Rabí David Altschuler). (n.d.). (Perspectiva lingüística y gramatical del texto)
8. Ralbag (Gersonides, Rabí Levi ben Gershon). (1329). (Explicación racionalista de los milagros de Elishá)
9. Ibn Ezra, A. (n.d.). (Interpretación gramatical y literalista)
10. Ramban (Najmánides). (2005). (Análisis sobre los profetas y la intervención divina en los milagros)
11. Hirsch, S. R. (1960). Comentario sobre los Profetas. New York: Judaica Press.
12.
Rav Kook, A. I. (1961). Orot ha-Kodesh. Jerusalem: Mossad
Harav Kook.(Lectura simbólica y espiritual de los milagros como reflejo
del alma de Israel)
13. Leibowitz, Nechama. (1995). Estudios de los profetas. Jerusalem: World Zionist Organization.LAS FUENTES FUERON TOMADAS DE LA REFERENCIA DIGITAL (ACADÉMICAS Y RABÍNICAS)1.
Sefaria. (n.d.). Melakhim Bet 4:1–23 with Classical Commentaries.
Recuperado de https://www.sefaria.org/II_Kings.4 (Fuente textual central
para estudio comparado de comentaristas)2. Bar-Ilan University.
(2018). The Responsa Project Database: Biblical Commentaries. Ramat-Gan:
Bar-Ilan University Press. (Base de datos académica de textos rabínicos
digitalizados)
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